diumenge, 19 de maig de 2013

RECOMIENDO ESTE LIBRO: RUE DES VOLEURS, DE MATHIAS ÉNARD

CITA: "il lui restait la force des pauvres et des révolutionnaires, il disait un jour Lakhdar, un jour je pourrai vivre décemment en Tunisie, plus besoin de Milan, de Paris ou de Barcelone, un jour tu verras, et moi qui n'avais pourtant jamais réellement voulu quitter Tanger, qui n'avais jamais vraiment partagé ces rêves d'émigration je lui répondais qu'on serait toujours mieux bien planqués dans le Raval, dans notre palais des ladres, à regarder le monde s'effondrer,() et ça l'a fait rigoler"


El viaje de Lajdar a la calle Robadors

Mathias Énard narra la epopeya de un marroquí simpapeles que vive la revuelta de los indignados en la plaza Catalunya

 Xavi Ayen, La Vanguardia, 14/3/2013 (pincha aquí para leer en La Vanguardia)
 La prensa francesa se ha ocupado atentamente de la calle Robadors de Barcelona, desde septiembre del año pasado. La revista Paris Match, los informativos de televisión, diarios como Le Monde o Le Figaro, y hasta revistas como Le Magazine Littéraire han dedicado amplio espacio a esta estrecha vía que comunica las calles Hospital y Sant Pau.

¿Qué le sucede a esta callejuela para ser objeto de tanto mimo mediático? Pues que en ella se ambienta la última novela del francés Mathias Énard (Niort, 1972), Calle de los Ladrones (Mondadori/Columna), que narra cómo un joven marroquí, Lajdar, es expulsado de la casa paterna en Tánger -tras haberse solazado ilícitamente con su prima- e inicia una errancia por varios lugares y ocupaciones, que finalizará en Barcelona en la época en que la plaza Catalunya estaba llena de indignadas tiendas de campaña.

Énard es -digámoslo ya- uno de los novelistas europeos más interesantes, e incluso importantes, de la actualidad. En La perfección del tiro (2003) se metió en la piel de un francotirador; en Remontando el Orinoco (2005) buceó en un triángulo amoroso; Zona (2008) era un relato épico y mediterráneo en una sola frase de más de 400 páginas, sin puntos, y en Habladles de batallas, de reyes y elefantes (2010) nos trasladaba al viaje que hizo Miguel Ángel a Constantinopla a principios del siglo XVI. Son registros muy diferentes, pues él ve cada obra "como un paso que me permite avanzar hacia la gran novela que escribiré algún día". Énard, que habla árabe y persa -entre otros muchos idiomas-, señalaba, ayer por la mañana, bajo la lluvia, y ante la curiosa mirada de una decena de prostitutas con cara de sueño, los lugares clave en su ficción: "¿Ven? Este es el piso donde vive el protagonista; fue mi estudio durante dos años". El libro se estructura en tres partes: Tánger, el limbo y Barcelona. "El viaje es un motor para la ficción, todo empieza con una patada en el culo y eso le da energía, hace rodar al personaje como una canica hasta Barcelona".

Calle de los Ladrones es una novela de iniciación, pero "mezclada con otros géneros, como la novela negra, la novela social, la de viajes y la de aventuras". El joven Lajdar observa con estupor el mito de su Tánger natal, ciudad capaz de atraer a turistas de todo el mundo, con un aura sensual y literaria a la que los nativos permanecen ajenos. Una operación análoga a la España de ensueño con que fantasean los emigrantes.

El lector percibirá que, contra lo que podría creerse, la realidad de un joven marroquí no es tan lejana a la de un joven barcelonés. De hecho, se establece una sutil conexión entre las primaveras árabes y el 15-M, en la que reciben todos: el poder económico, el islamismo radical, el gobierno del PP, el de CiU y hasta los sindicatos, con "sus huelgas del siglo XX, aún no hemos encontrado las formas para luchar contra el capitalismo en el siglo XXI".

Énard aborda el terrorismo islámico, la cooptación en las mezquitas y el oscuro tránsito que va "de trabajar en una fundación religiosa a participar en la preparación de un atentado". Junto a los elementos de actualidad que van apareciendo -los barcos con su tripulación varados en el mar por falta de pago-, sobrevuela la sombra de Ibn Battuta, como un contrapunto a la epopeya de Lajram.

La Barcelona de Énard bulle de descontento y a la vez luce un intenso encanto. Su gran símbolo es la torre Agbar -ya no Colón o las torres de Calatrava o Foster- y los turistas son vistos como una bendición para el protagonista o sus amigos, "pues son una fuente de ingresos increíble".

En la calle Robadors, cuando Mathias Énard se cala la gorra y se va, resuenan ecos de Jean Genet, Pierre de Mandiargues, Juan Goytisolo, Vázquez Montalbán y todos los escritores que intentaron penetrar en sus secretos. Ahora, en el 2013, Énard la ha convertido en su peculiar callejón de los milagros.

 OTROS LIBROS QUE RECOMIENDO:
La idea de la justicia, de Amartya Sen
Crítica de la razón árabe de Abed Al Yabri
Mi oído en su corazón de H. Kureishi
 Amor a la carta, de Xavier Rius
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI     

Salman Rushdie, Memorias    

Demonios íntimos, de Xavier Rubert de Ventós
Hacia una democracia laica, voces de mujeres musulmanas
Ara i aquí, P. Auster i J.M. Coetzee

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