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dilluns, 29 d’octubre del 2012

RECOMIENDO EL ARTÍCULO "MAALOUF Y LA NOSTALGIA DEL PORVENIR"

Javier Valenzuela, El País, 23 de octubre de 2012
Amin Maalouf, que está en Madrid presentando Los desorientados (Editorial Alianza), su última novela, sigue con preocupación las noticias de Líbano, su país natal. “¿Qué es lo último?”, pregunta nada más estrecharnos la mano en un despacho de la Casa Árabe. “Parece que se multiplican los llamamientos a la calma, que ninguna de las partes quiere lanzarse a un conflicto incontrolable”, le respondo. Y añado: “Por el momento”. Maalouf carraspea —anda acatarrado— y dice: “Sí, cada vez va a resultar más difícil aislar a Líbano del conflicto sirio, los riesgos de extensión son enormes y crecientes”.
El escritor está manifiestamente entristecido. Por lo que ahora ocurre en Líbano y por lo que ocurre en los últimos años en Europa y en todo el mundo. Y eso también se nota en Los desorientados. Maalouf cuenta en esa novela una historia que podría ser la suya: la del regreso a su país natal de Adam, alguien que lleva cinco lustros fuera, la del reencuentro de Adam con sus amigos de juventud y la evocación común de todas las cosas que se han perdido y todas las traiciones que se han cometido, la de la constatación de que todas las existencias solo son un exilio.
Al final de la novela se dice que la vida de Adam está “en suspensión, como su país, como este planeta, como todos nosotros”. Sí, el mundo está en suspensión y se extiende el sentimiento de que va a terminar cayendo del lado malo. Por primera vez en su existencia, la generación de Maalouf, la que nació en mitad del siglo XX, tiene la impresión de que podría vivir los horrores que padecieron sus padres.
“Me acuerdo con frecuencia de Stefan Zweig, que, dada la evolución de la Europa de su tiempo, llegó a la conclusión de que aquel mundo ya no era el suyo”, dice Maalouf. “Sentía que ya no había ninguna escapatoria, así que terminó suicidándose tras un acontecimiento que hoy nos parece muy secundario: la caída de Singapur, en 1942. Ahora muchos compartimos el sentimiento de que no hay luz al final del túnel, pero la hay, aunque no la veamos. Ahora bien, ¿es posible que tengamos que vivir años de locura y de violencia antes de llegar a la sabiduría? Es posible. Hizo falta el horror de los años treinta y la II Guerra Mundial para que Europa dijera ‘basta’. Puede que el destino de la humanidad sea tener que estrellarse contra el muro para sentir así su dureza y buscar otra salida”.
 Estoy en contra del multiculturalismo en el que cada cual vive en su gueto

En 2010 Amin Maalouf firmó una petición para que el Príncipe de Asturias de la Concordia les fuera concedido a los moriscos expulsados de su tierra en los siglos XVI y XVII. No lo consiguió, pero él recibió ese año el Príncipe de Asturias de las Letras. Nacido en Beirut en 1949, instalado en Francia para escapar de las guerras que desangraron Líbano en los años setenta y ochenta, escritor en la lengua de Molière, ganador del Goncourt en 1993 y miembro de la Academia Francesa desde el pasado verano, sus ensayos y novelas siempre han sido coherentes en la defensa del mestizaje en democracia, de la asunción de las muchas identidades con las que cargamos la mayoría.
Su primer gran éxito, la novela León el Africano, versa sobre un granadino, Hasan ben Muhamad al Wazzan, que tuvo que abandonar su ciudad porque allí se imponía a sangre y fuego la voluntad uniformadora de los Reyes Católicos y su Inquisición. Cinco siglos después, las cosas no son tan diferentes. Resurgen aquí y allá los fundamentalismos religiosos y nacionales, y se desvanecen las esperanzas en que el mundo acepte a individuos como Maalouf, a la vez libanés y francófono, de origen grecocatólico y defensor de los valores laicos y democráticos, árabe y europeísta, mediterráneo y ciudadano del mundo.
“Vivir juntos es cada vez más difícil”, suspira. “En el mundo árabe, la situación de las minorías es cada vez más precaria y hay una polarización comunitaria, como la que opone a chiíes y suníes, que no se conocía desde hace siglos. Y en Europa aumenta la impaciencia respecto a los musulmanes. Lo vemos incluso en sociedades con una gran tradición de apertura como Dinamarca y Holanda, que se están convirtiendo en tensas y desconfiadas. Esos dos movimientos se alimentan mutuamente, y la gente como yo se siente cada vez más inquieta, por no decir desesperada”.

Respira hondo y prosigue: “Pero no me rindo. Vivir juntos es algo muy complicado, que necesita ser gestionado con sutileza, lucidez y perseverancia. No es algo que se produzca espontáneamente, ni algo que quede solucionado de una vez por todas. Pero es indispensable para evitar esa pesadilla hacia la que nos dirigimos”.
—Quizá ya estemos ahí, en esa pesadilla —le digo—. Además del ascenso del espíritu de tribu, sufrimos la ley de la jungla en las relaciones económicas y sociales.
—Sí, las sociedades europeas viven una profunda crisis ligada al retroceso de los valores de solidaridad y bien común. Gestionar la coexistencia de gente que viene de culturas diferentes, es explosivo. Pero debemos hacerlo.
—¿Cómo?
—Lo primero es saber en qué condiciones vivimos juntos, qué es lo permisible y qué no lo es. El hecho de aceptar los otros no quiere decir aceptar cualquier cosa. Yo no estoy a favor del multiculturalismo entendido como que cada cual viva en su gueto y a su manera, estoy a favor de la integración. A favor del respeto de la dignidad del ser humano y del progreso social, no del respeto de las tradiciones. Europa debe dirigirse a los ciudadanos, no organizar las relaciones entre las tribus.
En Los desorientados, hay un momento en el que alguien dice: “El país del que tengo nostalgia no es el pasado, es el porvenir”. Maalouf cree que su generación tiene razones para la nostalgia. “Se es nostálgico de todos los sueños que se han tenido y no se han realizado”, dice. “Y hay ideales indispensables que nosotros hemos tenido y ahora son rechazados: los de solidaridad y de igualdad. Estamos en un mundo donde la desigualdad es promocionada como una forma de modernidad. Aún estamos en la resaca de la debacle del comunismo: se continúa considerando que todos los valores que fueron predicados, y luego travestidos, por la experiencia comunista deben ser invertidos. Esa es una receta para la destrucción del tejido social. Haría falta que el péndulo volviera al centro: ha ido de un extremo a otro y debería volver al centro”.

Leer en El País, pincha aquí.

OBRAS DE MAALOUF:

 Las cruzadas vistas por los árabes (1983). Ensayo sobre las guerras de religión, dio a conocer a Maalouf.
 León el Africano (1986). Novela la vida de Hassan, “un hijo del camino” entre el islam y el cristianismo.
 
La roca de Tanios (1993). Novela premiada con el Goncourt sobre la reconciliación religiosa.
Identidades asesinas (1998). Un ensayo contra la tentación fanática del nacionalismo y la religión.

dimecres, 13 de juny del 2012

LIBRO RECOMENDADO: "IDENTIDADES ASESINAS" DE AMIN MAALOUF


LIBRO RECOMENDADO: IDENTIDADES ASESINAS, DE AMIN MAALOUF

En este link encontraréis algunos de los libros que he disfrutado y que recomiendo encarecidamente. De cada libro os adjuntaré una frase que me parezca que tenga gancho y un artículo mío o de cualquier otro que hable de él y/o del autor. 

Cita:
" El país de acogida no es ni una página en blanco ni una página acabada, sino una página que se está escribiendo.
Su historia debe respetarse; y cuando digo historia lo digo como apasionado de la Historia, palabra que para mí no es sinónima de vana nostalgia ni de retrógrado apego al pasado, sino que muy al contrario comprende todo lo que se ha construido a lo largo de los siglos, la memoria, los símbolos, las instituciones, la lengua, las obras artísticas, cosa a las que legítimamente nos podemos sentir unidos. Al mismo tiempo, todo el mundo admitirá que el futuro de un país no puede ser una mera prolongación de su historia; sería incluso desolador que un pueblo, cualquiera, venerara más su historia que su futuro; un futuro con profundas transformaciones, y con importantes aportaciones del exterior, como ocurrió en los grandes momentos del pasado"

              
ADJUNTO ESTE ARTÍCULO QUE PUBLIQUÉ EN  EL DIARIO PÚBLICO PRONTO HARÁ UNA AÑO.
 

Un intelectual libre

SAÏD EL KADAOUI

20 de junio de 2011
El 9 de junio pasado me llevé una gran alegría al saber que se le había concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de este año al escritor Amin Maalouf.
Es un reconocimiento merecido para un intelectual que algunos tachan de incómodo, pero que para mí, desde que leí su ensayo Identidades asesinas en 2000, es una voz sabia y reconfortante que me proporciona un refugio intelectual muy de agradecer. Y, por encima de todo, es un buen ejemplo de intelectual libre. Sus críticas son siempre razonadas y nada sectarias, no se casa con ninguna corriente dominante, no forma parte de ningún establishment y, precisamente por eso, muestra como pocos la complejidad del mundo en el que vivimos.
Es difícil sintetizar en un artículo su propia complejidad personal e intelectual. Tanto su biografía como su obra beben de dos mundos separados por el mar Mediterráneo y por tantos y tantos años de recelo y de rivalidad. Toda su obra es, a mi juicio, un diálogo profundo y fructífero entre estos dos mundos que forman parte de su vida. Los dos le pertenecen y los dos se parecen más de lo que están dispuestos a admitir y, sobre todo, los dos no tienen más opción que la de entenderse y
cooperar, si lo que se quiere es encarar el futuro.
La parte que me gustaría resaltar es su contribución decisiva en la tarea de explicar la complejidad identitaria de las personas y de los pueblos. En su último ensayo, El desajuste del mundo, cuando nuestras civilizaciones se agotan, afirma algo tan inquietante como cierto. Dice que actualmente hay que contar con un adversario de altura: esas identidades dañadas durante tanto tiempo y que se han vuelto dañinas.
En el caso del mundo árabe, afirma que anida en él un sentimiento de fracaso, de humillación, de destierro permanente y de eterno perdedor. “El mundo árabo-musulmán se hunde cada vez más en un pozo histórico del que no parece que vaya a ser capaz de salir”, sentencia. Tanto la identidad nacional como la identidad individual de las personas está dañada, razón por la cual mucha gente está atrapada en un movimiento pendular que oscila entre el deseo de librarse de la propia identidad y el deseo de afirmarla en contra de todos.
En cuanto a Europa, muestra su admiración por considerar en la experiencia de la Unión un ejemplo de la utopía que se cumple. Pudo aparcar los odios acumulados, las disputas territoriales, las rivalidades seculares y dejar que los hijos y las hijas de quienes se mataron entre sí conciban el futuro juntos. Pero, ahora que parece cansada y dividida, es la hora también de recordar que él ya lleva tiempo sosteniendo que la cuestión del acoplamiento de la población migrante y de sus hijos es la gran batalla de nuestra época. Cree que es absolutamente necesario devolverle a toda esta gente la dignidad social, la dignidad cultural, la dignidad lingüística y ayudarlos a que asuman en paz su identidad dual y su papel de nexo. Esto último es de vital importancia, a mi juicio, si queremos tender puentes entre estos dos mundos que se piensan y se miran con demasiado recelo.
Un apunte antes de continuar. Siempre que escribo la palabra dignidad me acuerdo de algo que afirmaba el escritor y Premio Nobel de literatura Wole Soyinka y que da una idea de su importancia. Decía que la dignidad es la otra cara de la libertad.
En su ensayo Identidades asesinas, Amin Maalouf decía que la palabra clave es “reciprocidad”. Reconocerse los unos a los otros, respetarse y, por supuesto, criticarse y demarcar los límites que garanticen una convivencia pacífica.
Maalouf considera que en este siglo ya no podemos hablar de forasteros sino de “compañeros de viaje” y cree que debemos ser capaces de construir una civilización común con la que todos podamos identificarnos, con la soldadura de los mismos valores universales, si no queremos naufragar juntos en una barbarie común.
El Príncipe de Asturias de las Letras es un premio, a mi juicio, merecido para un escritor que, además de escribir buenos libros, nos ha ayudado a entender la complejidad del mundo y de las personas que lo conforman. Un intelectual que nos señala el camino. Un camino, todo hay que decirlo, lleno de obstáculos.
En esta misma semana en la que se le ha otorgado el premio, hemos tenido varios ejemplos de ello. En las elecciones holandesas celebradas el 9 de junio, Geert Wilders, el líder del xenófobo Partido de la Libertad, ha logrado un espectacular ascenso en comparación al resultado que obtuvo en 2006. Ha pasado de tener nueve escaños a conseguir 24 con un discurso antimusulmán. Tal como recogía este mismo periódico el 10 de junio, después de saberse los resultados, Wilders se jactaba ante las cámaras afirmando que “un millón y medio de personas votaron por nosotros y por nuestros planes para una mayor seguridad, menos inmigrantes y menos islam”.
Por otra parte, el mismo día de la concesión del premio supimos que once mezquitas de las ciudades de Tarragona y de Barcelona, próximas a la corriente salafista, anunciaron medidas para impugnar las mociones de diversos ayuntamientos contra el velo integral. Y, finalmente, el día 12, leímos en la prensa que en el Vendrell (municipio de la provincia de Tarragona) se había decidido restringir el uso del velo integral con un protagonismo especial del partido populista y xenófobo Plataforma per Catalunya (PXC), que celebró el acuerdo afirmando que era el primer paso contra la “invasión” musulmana.
Los extremistas alimentan el discurso del adversario. Saben que se necesitan para seguir creciendo.
La alternativa está en escuchar las opiniones de gente como Amin Maalouf y tratar de frenar la barbarie que volvemos a tener a la vuelta de la esquina.
Saïd El Kadaoui es escritor. Autor de la novela ‘Límites y Fronteras’

Ir al artículo en el diario Público, aquí.


OTROS LIBROS QUE RECOMIENDO:
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI  
 HANIK KUREISI, EL BUDA DE LOS SUBURBIOS
La escritura o la vida, de Jorge Semprún 

dilluns, 2 d’abril del 2012

ARTÍCULOS DIARIO PÚBLICO: anteriores al 16 de agosto del 2010

El islam y nuestro tiempo

16 ago 2010



SAÏD EL KADAOUI
El ramadán, cuyo ayuno desde la salida hasta la puesta del sol es uno de los preceptos sagrados del islam, ya está aquí y, aparte de desearles un muy feliz mes de ramadán a todos los musulmanes, me gustaría aprovechar esta coyuntura para dar eco a algunas de las discusiones que en torno al islam se dan en Marruecos, para luego acabar comentando otros aspectos que incumben de forma más directa a nuestro país.
Frecuentemente aparece en el semanario Tel quel, un magacín independiente que leo regularmente desde esta otra orilla, algún debate de interés que incumbe a esta religión.
Cualquiera que viaje a Marruecos comprobará con sus propios ojos lo que se dice en el número 434 de este magacín. Esto es, asistimos a una revivificación de la práctica religiosa en todas las clases sociales y en todas las edades de la población, aunque este hecho no es óbice para el aumento de prácticas secularizadas, como el progresivo aumento del número de mujeres que se incorporan al mercado de trabajo, el aumento del consumo de alcohol por parte de la población local o la rentabilidad en interés bancario (el islam considera el interés bancario, todo él, una usura).
He releído otros artículos publicados en diferentes números de esta revista, todos ellos cuestionando, matizando y debatiendo sobre el hecho religioso en Marruecos. A modo de ejemplo diré que el profesor y poeta Driss Alaoui afirmaba (T.Q., núm. 339) que en verdad el ramadán se ha tornado con el tiempo en un mes de excesos. Excesos de todo tipo menos de trabajo, ironizaba. Era consciente de la dificultad de introducir cambios en el ramadán; imagino que debe de referirse a aminorar las exigencias del ayuno, a acortar la duración de este, a permitir que se puedan ingerir líquidos o, quizás, y a mi juicio mejor todavía, a la no obligatoriedad de esta práctica para los ciudadanos musulmanes de Marruecos
–la gran mayoría, como ya se sabe–.
Asimismo, planteaba la necesidad de desarrollar una cultura de la libertad donde los rituales, cualesquiera que sean, se circunscriban a la esfera individual. Se abonaría el terreno así, comenta, para que en algún momento se puedan plantear dichas reformas. Tengo curiosidad por saber, y lo digo sin ironía, si estas ideas y propuestas también las planteaba en su época de ministro, ya que tuvo varias carteras a lo largo de la década de los noventa.
En otro de sus números (T.Q., núm. 417) se hablaba de los marroquíes que se convierten al cristianismo a pesar del acoso y de las amenazas de muerte reiteradas que reciben.
La expulsión, del todo incomprensible, de algunos ciudadanos europeos y americanos por supuesto proselitismo no cambiará en nada, más bien al contrario, la determinación de la gente que, dándose la libertad de escoger –faltaría más– elige cambiar de religión.
Por otro lado, en el núm. 427, se recogía la noticia de que la Asociación Marroquí de Lucha contra el Aborto Clandestino (AMLAC) había celebrado los días 28 y 29 de mayo un coloquio sobre el aborto. Se decía que, como sucede frecuentemente en el islam, las interpretaciones varían. Los sunitas pertenecientes a la escuela Malikí, mayoritarios en el Magreb, condenan el aborto desde la concepción; las escuelas Hanibal y Shafi’í lo autorizan los primeros 40 días del embarazo; mientras que la escuela Hanifa los 120 primeros días. El sociólogo Abdessamad Dialmy opinaba que el legislador no debe ser prisionero de la opinión malikí.
Abdellah Tourabi, politólgo especializado en el mundo árabe y musulmán, escribía (T.Q., núm. 358) que el Corán siempre ha sido objeto de lecturas, interpretaciones y visiones diametralmente opuestas. Algunas pueden enfatizar la paz, la tolerancia y la justicia y otras legitimar la opresión, la violencia y el oscurantismo. Aboga por una lectura racional y no literal. En definitiva, cree que es necesario leer el texto sagrado de los musulmanes teniendo en cuenta las necesidades de nuestro tiempo.
Concluyendo: el debate existe, el islam se cuestiona, el comportamiento religioso de la población se estudia. Otra cosa es lo que el psicoanalista egipcio Moustapha Safouan denunciaba en un entrevista concedida a este magacín (núm. 358). Decía que las fuerzas políticas de los países árabo-musulmanes controlan la religión para ganar legitimidad y protegerse.
Ahora sí, cambio de orilla.
Me atrevería a afirmar que muchos de los que algún día decidimos –o decidieron por nosotros– salir del país, lo hicimos con el
anhelo de más libertad. Y, por esto mismo, a muchos nos escandaliza y nos indigna que existan líderes religiosos que aquí, en Europa, quieran apoderarse del islam y aprovechen las frustraciones y las necesidades espirituales de muchos musulmanes para intoxicarles con interpretaciones violentas del Corán. Defienden una religiosidad incompatible con los derechos y las obligaciones de un país democrático. Y, lo peor, zanjan cualquier debate diciéndonos lo que el islam permite o prohíbe. En estos días pienso especialmente en Abdelwahab Houzi, imán del oratorio más grande de Lleida, clausurado por el Ayuntamiento por exceso de aforo y
reabierto el día 9 de este mes. Estas semanas ha sido noticia porque se ha dedicado a echarle un pulso al alcalde de la ciudad en vez de predicar la cultura de la paz y el diálogo con sus feligreses. Parece ser que su islam no entiende de diálogo y sí de confrontación y coacción al ayuntamiento y también a una parte de la comunidad musulmana, a la que divide en función del grado de sumisión a su dogma.
Gente como este líder religioso es peligrosa y hay que decirlo en voz muy alta.
Procurarle al islam un lugar digno en Europa es también no ceder al chantaje de los fanáticos.
Saïd El Kadaoui es psicólgo y escritor
Ilustración de Javier Jaén

Cunit: una mala ficción


SAÏD EL KADAOUI
El día 1 de julio, al leer en este mismo periódico la noticia sobre el juicio contra el presidente de la Asociación Islámica de Cunit (Tarragona), y el imán de la misma localidad, acusados de amenazar y coaccionar a F.G, mediadora cultural del ayuntamiento, supe que era la primera vez que una mujer musulmana logra sentar en el banquillo a dos líderes de su comunidad.
Si hay algo positivo que extraer de ello es que este juicio escenifica bien que la comunidad , como todas los grupos, no es homogénea. (PARA LEER TODOS LOS ARTÍCULOS clica "Més informació")