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dilluns, 28 de maig del 2012

LIBRO RECOMENDADO: JORGE SEMPRÚN, "LA ESCRITURA O LA VIDA"

En este link encontraréis algunos de los libros que he disfrutado y que recomiendo encarecidamente. De cada libro os adjuntaré una frase que me parezca que tenga gancho y un artículo mío o de cualquier otro que hable de él y/o del autor. 



Frases:
" - (...) El verdadero problema no estriba en contar, cualesquiera que fueren las dificultades. Sino en escuchar... ¿Estarán dispuestos a escuchar nuestras historias, incluso si las contamos bien? (...) - Contar bien significa: de manera que sea escuchado. No lo conseguiremos sin algo de artificio. ¡El artificio suficiente para que se vuelva arte! (...) - El otro tipo de comprensión, la verdad esencial de la experiencia, no es transmisible ... O mejor dico, sólo lo es mediante la escritura literaria".




Entrevista:Jorge Semprun | ENTREVISTA 
"Sin memoria, yo no existiría"

Es un militante de la memoria. Sus recuerdos guardan la historia reciente de España y de todas las vidas que ha vivido. Este intelectual español y francés sigue escribiendo para no olvidar.

Este hombre es memoria. Pura memoria.
En La escritura o la vida, Jorge Semprún cuenta su experiencia como deportado 44.904 en el campo de concentración de Buchenwald, en la Alemania de Hitler. "Todo me había ocurrido, ya nada podía sucederme. Nada sino la vida, para devorarla con avidez".
Cuando se produjo la liberación, este joven, que sólo tenía 22 años y ya había sido resistente en Francia contra la Gestapo, bebió, bailó, corrió caminos hasta volver a París. Empezó a devorar la vida, y la devoró a veces con pasión y con placer, y a veces con melancolía, jamás con el sentimiento de la derrota.
Exiliado español, huérfano de madre muy pronto, hijo de un católico que había preferido la República, nieto de Antonio Maura, abrazó la diáspora mientras estaba en Biarritz, de vacaciones con su padre, y luego fue, en los años cincuenta, un comunista que desafió a Franco en España (durante un tiempo, en casa del poeta Ángel González) con el nombre de Federico Sánchez. Luego fue expulsado por Santiago Carrillo del Partido Comunista de España, junto a Fernando Claudín, y siguió abrazando la escritura y la vida; fue guionista de muchas películas célebres, algunas de las cuales las hizo con Alain Resnais, Costa-Gavras y casi siempre con Yves Montand; noveló su vida y otras vidas (El largo viaje, La segunda muerte de Ramón Mercader, Aquel domingo, Autobiografía de Federico Sánchez), y fue ministro de Cultura con Felipe González entre 1988 y 1991.
Felipe le llamó un día, le dijo que le divertía imaginar que los que le persiguieron largo tiempo, le guardaran ahora, y le confió un sitio en el Consejo de Ministros. La vivienda que le asignaron estaba al lado de la casa donde vivió su infancia, muy cerca de la casa de su abuelo. Un día le llevaron al domicilio de Antonio Maura, muchos años después, ya siendo ministro, y fue él quien guió, con una memoria que no ha conocido altibajos, los pasos de los que pretendían enseñarle el sitio de sus correrías de chico. "Aquí estaba la cama, aquí la mesilla, aquí tenía las pantuflas el abuelo".
Con esa minuciosidad de orfebre de la memoria sigue contando Semprún, a sus 84 años, sus andanzas y también sus conversaciones. Le hablamos de un contemporáneo: "Sí, la primera vez que le vi, él estaba vestido con una chaqueta verde, ¡verde para aquellos tiempos! Y estábamos en el café Varela, en Madrid; también estaba Pepe Hierro...". Sus memorias alcanzan una intensidad especial, emocionante, en ese libro que citamos al principio, La escritura o la vida (Tusquets, como casi toda su obra), donde acaso reempieza su biografía, donde renace Semprún con su propia identidad, despojado del pavor encerrado de la guerra que hizo Hitler.
Ahí hay un párrafo que acaso complementa esa decisión de "devorar" la vida, y que se produce enseguida que sale a la calle, liberado: "Mi cuerpo se relajó. Me acordé de que éramos libres. Una especie de violenta felicidad me invadió, un estremecimiento de toda el alma. Me acordé de que tenía proyectos para ese día que comenzaba".
Tenía proyectos para ese día, tuvo proyectos siempre. Ahora, cuando le vemos en París y él acaba de perder a su mujer, Colette, Jorge Semprún, que sufre ligeros achaques de salud, sigue teniendo proyectos: escribe más memorias, una novela en preparación y alterna unos ensayos políticos con ciertas reflexiones personales. Da un manotazo sobre la mesa, como descartando la posibilidad, cuando se le dice que a él, que ha sido premiado en París, en Francfort y en Jerusalén, alguna vez tendrían que premiarle en este país, en el que sirvió como soldado de frentes políticos y civiles; habla en voz baja de los que devinieron enemigos suyos (Carrillo: ésta es una voz de su diccionario tachado); come con apetito en un viejo bistrot del que tiene una memoria nítida, y eso que estuvo en él hace treinta años.
Le encontramos en su casa, a mediodía, un día de huelga casi general en París; vestía con uno de esos suéteres grises de cuello alto que son habituales en su indumentaria. Surgió desde el piso de abajo, y ocupó una mesa redonda, grande, en su dúplex, junto a la cocina. Acostumbrado ahora a ser la mitad restante de la casa, sigue conservando, a pesar de los años y de la biografía, a pesar de cierta melancolía que inevitablemente hace caer sus párpados hacia el suelo, la vitalidad, animado a seguir, "aunque la procesión vaya por dentro". Educado (primero en alemán, después en francés) para ser un europeo pudoroso y discreto acerca de lo que hay dentro de su corazón, ha escrito algunas de las páginas autobiográficas más abiertas de su generación civil y política. Como André Malraux "un referente que a veces parece incluso el modelo de su hoja de ruta, como militante y como escritor", ha estado toda su vida buscando "la región crucial del Alma donde el Mal absoluto se opone a la fraternidad".
Pero eso no lo ha hecho como un teórico, sino exactamente como un militante. ¿Militante hoy? "Sí, de la memoria". Aún sueña con algunos hechos de su vida, y el más recurrente le sitúa, junto a Claudín, venciendo en su lucha contra Carrillo, en el PCE. Luego se despierta, y sigue viviendo, devorando, como puede, la vida. En su casa, rodeado de cuadros (algunos de ellos, de su gran amigo Eduardo Arroyo) y libros, sobre todo de arte, Semprún se pregunta: "¿Y de qué quieres hablar? Si ya lo he dicho todo". De la infancia; queríamos hablar de la infancia, sobre todo, ochenta años después.
Volvamos a La escritura o la vida. Ahí hay una frase que usted le dice a un compañero de la Resistencia, cuando van a apresar a un alemán. Y el alemán se pone a cantar.
Sí, canta La paloma en alemán. Y yo me quedo paralizado.
Y su compañero se asusta. Sí, me pregunta: ¿qué te está pasando?, o algo así.
Y usted le dice: "Me está pasando 'La paloma'. Eso es todo. La infancia española que me golpea en pleno rostro" . Sí, eso ocurrió entre 1943 y 1944. Y estábamos en una emboscada