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dijous, 5 de setembre del 2013

LIBRO RECOMENDADO: UNE MÉLANCOLIE ARABE. ABDELLAH TAÏA



CITA: "Moi au coeur d'un monde arabe qui, au fond, lui aussi ne croyait plus en rien. Un monde absurde. Un monde-prison où les mêmes erreurs étaient inlassablement répétées, et c'était toujurs bien sûr la faute des autres, les Occidentaux. Je n'avais plus d'indulgence pour ce monde"

Artículo que publiqué en el diario Público tras la presentación de "Una melancolía árabe" en Barcelona: 

 MARRUECOS, "MON AMOUR"


El día 16 de junio, el escritor marroquí afincado en París Abdellah Taïa estuvo en Barcelona presentando la traducción al castellano y al catalán de su libro Une mélancolie arabe.

Unos meses antes, le había mostrado mi admiración y apoyo tras haber leído una carta abierta dirigida a sus hermanos y, especialmente, a su madre (la eterna M’Barka, presente en todos sus escritos) publicada en la revista marroquí Tel quel.

Marruecos, le comenta a su madre, no son los otros, el Gobierno, los religiosos, los mezquinos, los celosos… Marruecos es él y ella. El cambio empieza por ti, le comenta más adelante. Y por ti, por mí, por nosotros, pienso mientras lo leo.

Se lamenta del sufrimiento de su familia y, en un arranque de sinceridad conmovedor, le hace saber que nunca ha pretendido avergonzarla y que lo único que busca es decir la verdad, salir de la sombra y existir. Existir siendo lo que es: una persona inquieta, con proyectos y talento para llevarlos a cabo y no escondiendo su condición de homosexual.

Se lamenta de que mientras el mundo hace autocrítica, se mueve, recibe a Barack Obama con una inmensa esperanza, Marruecos siga con la vieja receta del miedo para impedir cualquier cambio. ¿No merece una verdadera modernidad?, se pregunta, y critica a los inmovilistas que se apropian de la identidad marroquí e impiden cualquier pensamiento crítico.

A su vez, también le hace saber a su entronizada M’Barka que no está solo. Algo ha empezado a moverse. Precisamente de esto habló en su presentación y lo ejemplificó con el hecho de que sus libros también se venden en Marruecos, viaja con frecuencia allí y habla de la misma forma que lo hace en cualquier país europeo: sin embudos. Solamente este hecho, no hubiera sido posible hace diez años, como reconocía él mismo.

Hasta el día de la presentación sólo había hablado alguna vez con él vía e-mail. Al encontrármelo en directo, me llevé la sorpresa de comprobar que su aspecto era más frágil del que había imaginado. Cometí el error de creer que
las personas decididas, en su caso revolucionarias incluso, tenían un aspecto acorde a la fuerza de sus ideas.

Un aspecto frágil, un mundo interno según él mismo refiere caótico y, en cambio, una persona con una determinación admirable.

Su decisión de escribir sin seudónimo le ha valido tanta admiración como desprecio en su querido (y el mío también) Marruecos y un doloroso distanciamiento con su familia.

A mí lo que más me conmueve de sus libros no es tanto las historias de amor homosexual (que son historias de amor a secas unas veces, de sexo y lucha otras y de contradicciones siempre) sino la descripción que siempre hace de ese mundo mágico, fascinante y también perverso, a veces, que habita en el Marruecos tradicional. Es difícil no sentirse agradecido con él cuando se ha conocido ese mundo. Lo describe con tal claridad que uno revive las sensaciones y la magia con que está cargado este Marruecos tan contradictorio como inasequible a la razón.

Abdellah es considerado un peligro por toda la retahíla de pseudo-intelectuales, pseudo-religiosos y pseudo-políticos (de los que hay muchísimos en Marruecos) precisamente por hablar sin ambages de dos temas molestos: la homosexualidad, considerada todavía como una enfermedad por buena parte del país, y el Marruecos profundo.

Él sabe que no es mirando a otra parte como se avanza, sino asumiendo todo aquello que somos.

Abdellah lo muestra con la delicadeza y el amor del que no reniega de nada de lo que es y con la decisión del que quiere cambiar las injusticias. Como le dice a su madre en su carta, no le gustan los enfrentamientos inútiles, pero está a favor de las batallas necesarias. Esta, desde luego, lo es.

Marruecos sigue siendo un país muy conservador, pero también es Abdellah y todos los que como él luchamos (desde el propio país o desde fuera) por la igualdad de los seres humanos y que anhelamos un país realmente democrático.

Querido Abdellah, nous luttons ensemble! (¡luchamos juntos!)
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http://ehgamdok2009.blogspot.com.es/2009/07/artikulua-said-el-kadaoui-marruecos-mon.html


dissabte, 26 de gener del 2013

ARTÍCULO EN FRANCÉS SOBRE LAILA KARROUCH, N. EL HACHMI I SAÏD EL KADAOUI

El número 11 de la revista en francés, Expressions Maghrébines la profesora de la Universitat d'Alacant, Josefina Bueno, publica un extenso artículo sobre Laila Karrouch, Najat El Hachmi y Saïd el Kadaoui, escritores en lengua catalana (y castellana) nacidos en Nador, pero crecidos y residentes en Catalunya.    
 Adjunto como imagen las últimas páginas (que pinchando en ellas se amplían) y se puede leer completo en este link (pincha aquí) ,

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dissabte, 12 de gener del 2013

RECOMIENDO EL ARTÍCULO "LA DESMEMORIA" DE JORDI SOLER

Recomiendo este articulo de Jordi Soler publicado hoy en El País. Una interesante y necesaria reflexión:

La desmemoria

Cuando los españoles se han enriquecido se han olvidado de que en muchas épocas han pertenecido y ahora vuelven a pertenecer a un país de emigración que ha aportado mucho a las sociedades de acogida.

Jordi Soler, 12 de enero de 2012 EL PAÍS, Opinión 

Hace unos cuantos años, muy pocos, el principal miedo de los españoles, dentro de una lista de opciones atroces que incluía, por ejemplo, el terrorismo y el paro, era el miedo al inmigrante.

Era el miedo sintomático de un país rico que veía a los inmigrantes como una amenaza, como una turba de gente necesitada que quería aprovecharse de su riqueza, de sus plazas de trabajo y de sus servicios sociales.
Pero ese miedo al inmigrante, a la gente que tiene que salir de su país para instalarse en otro que le ofrezca mejores oportunidades, era también el miedo de un país desmemoriado, cuya bonanza económica lo había hecho perder de vista uno de sus fundamentos, que es precisamente esa multitud de españoles que, a lo largo de los siglos, exactamente igual que los inmigrantes que vienen aquí, han ido emigrando de este país para instalarse en otro que les ofrezca una vida mejor.
Los emigrantes españoles, desde el primer conquistador hasta el último gachupín, primero a la fuerza y luego en sociedad con los habitantes de aquellas tierras, fueron conformando ese territorio enorme, rico y fecundo que es Latinoamérica. España puso ahí su lengua, su religión y una forma particular, y única, de encarar la vida que se sigue conservando hasta hoy.
Gracias a sus emigrantes, España creció y se multiplicó en aquel continente, y hoy su lengua, el español, tiene una importancia capital en el mundo y una capacidad de expansión, y una influencia, que la hacen cada día más importante. Si no fuera por los países latinoamericanos, España, y el español, tendrían hoy la relevancia mundial que tienen Polonia, y el polaco.
El ensayista mexicano Alfonso Reyes, que fue, entre otros destinos diplomáticos, embajador de México en España, decía, refiriéndose a la evidente e insoslayable relación que hay entre los dos países, que quien no conoce México no conoce bien España, y viceversa.

Una nueva oleada de emigrantes, huyendo de la crisis económica, parte para México
Se refería a la forma en que España, durante quinientos años ha ido diseminándose y creciendo del otro lado del mar, sin dejar de ser ella misma, pero, simultáneamente, reconvertida en otros países.

Escribo esto pensando en la nueva oleada de emigrantes españoles que, huyendo de la interminable crisis económica europea, se están yendo a México a buscarse la vida, y que son un eco de aquella oleada anterior de republicanos españoles que llegaron a aquel país, alrededor de 1939, buscando un empleo, una casa y un futuro, lo mismo que buscan los jóvenes emigrantes de hoy, aunque el origen de una y otra migración sea completamente distinto.
Como la única forma de combatir la desmemoria es haciendo memoria, voy a contar aquí las circunstancias en las que llegaron a México los españoles de la oleada anterior, una historia que conozco perfectamente porque en aquella oleada iban mi madre y mis abuelos. Hablo de oleadas porque estas migraciones tienen un carácter cíclico, como las olas del mar.
En 1939, al terminar la Guerra Civil, más de medio millón de republicanos tuvo que huir a Francia para ponerse a salvo de la represión del general Franco, que no contento con su triunfo también quería hacer desaparecer a los sobrevivientes del bando contrario de la faz de la Tierra. Aquellos españoles, que llegaban a Francia como refugiados políticos, fueron tratados como prisioneros y encerrados en varios campos de concentración que se habían dispuesto cerca de la frontera, y que hoy constituyen una de las páginas más negras, y también más ignoradas, de la historia de Francia.
Aquellos cientos de miles de españoles se encontraron, de pronto, prisioneros en un país que no los quería, ni sabía qué hacer con ellos y, sobre todo, sin país al cual regresar.
Las democracias del mundo hicieron la vista gorda ante el triunfal golpe de Estado de Franco, decidieron no intervenir, no meterse en ese asunto que consideraban estrictamente doméstico. Todos los países le dieron la espalda al Gobierno legítimo de España, excepto México, que, en uno de los episodios más conmovedores que recuerda la diplomacia, defendió a la República y al Gobierno de Azaña, una y otra vez, con el único apoyo de la URSS, en Ginebra, ante la Sociedad de Naciones, que era entonces el germen de la ONU.
Unos años antes, en diciembre de 1936, el presidente de México, Lázaro Cárdenas, había otorgado asilo político a León Trotski que, como estaba a punto de pasar a los republicanos españoles, se había quedado sin país al cual regresar.
“No podemos aceptar que haya un hombre en el mundo que carezca de un lugar donde vivir”, dijo Cárdenas entonces, y a partir de esta idea comenzó a movilizarse la diplomacia mexicana en Francia, en perfecta coherencia con la defensa de la República que hacía en la Sociedad de Naciones, para ayudar y ofrecer refugio a cualquier español que quisiera irse a vivir a México.

Sería el momento de revisar la dura reglamentación contra los inmigrantes
El 11 de septiembre de 1940, ya en plena ocupación alemana, el embajador mexicano en Francia, en un esfuerzo que no daba tregua a los pocos funcionarios con que contaba su oficina, había logrado documentar a 100.000 españoles que querían irse a México, y que esperaban subirse a alguno de los barcos que con ese objetivo fletaba el Gobierno de Lázaro Cárdenas y que Luis I.Rodríguez, el embajador, tenía que salir a buscar por todos los puertos de Europa. No todos los que se acogieron al ofrecimiento de Cárdenas llegaron a subirse al barco, pero sí varios miles que poco a poco se fueron integrando a la sociedad mexicana y con los años fueron dejando un legado cultural que hasta hoy enriquece a aquel país. En 1939 se fue a México, y a otros países latinoamericanos, lo mejor de España; profesores, médicos, políticos, artistas, poetas y filósofos llegaron a trabajar y a enseñar lo que sabían.
Y es probable que hoy esté pasando lo mismo, que los jóvenes mejor preparados se estén yendo de aquí, a buscar oportunidades y, eventualmente, a enriquecer los países a los que lleguen.
Dentro de unos años, cuando en España mejoren las cosas, algunos regresarán, pero otros no, como demuestra la historia de los miles de emigrantes que se han ido y que, años después, se descubren con hijos y nietos en ese país donde pensaban permanecer solo un tiempo, en lo que mejoraban las cosas en el suyo.
Esperemos que entonces no vuelva a caer sobre nosotros la desmemoria, que cuando este sea otra vez un país rico no se olvide de sus emigrantes, de esa España que lleva quinientos años floreciendo en América Latina; que la memoria alcance para tratar con más delicadeza a los inmigrantes que vendrán aquí a buscar una oportunidad, y que sea suficiente para no volver a percibirlos con miedo.
De aquella historia de alta diplomacia que protagonizó México en la Sociedad de Naciones, en Ginebra, no se acuerda nadie, y se recuerda bastante poco la solidaridad que tuvo Lázaro Cárdenas con los exiliados españoles. Se recuerda tan poco, y tan mal, que hoy tenemos aquí situaciones como esta: si un mexicano quiere viajar a España, ya no digamos a instalarse sino como turista, tiene que cumplir con una lista desproporcionada de requisitos que incluye, por ejemplo, que el amigo o pariente que va a hospedarlo tenga que ir a la comisaría de su barrio a presentar los planos de su casa para que un policía vea si tiene espacio suficiente y dé su visto bueno. Y además se expone, como sucede con frecuencia, a que el oficial de turno no lo deje pasar y lo devuelva a México en el siguiente vuelo.
Quizá sería momento de revisar esa dura reglamentación, propia de países ricos que no quieren inmigrantes, porque las cosas han cambiado rápida y radicalmente, ahora la gente, más que venir, está mirando cómo se puede ir de aquí.
De toda esta gente que ya se ha ido, y que empieza a construirse una vida en esa nueva oleada de españoles que va llegando a México, habrá muchos que son hijos de esas personas que hace unos años, muy pocos, ni siquiera diez, identificaban al inmigrante como el peor problema de España y que hoy, con mucho asombro, y supongo que algo de vergüenza, se encuentran con que son padres de un inmigrante, que trata de ganarse la vida en otro país. Este es, precisamente, el precio de la desmemoria.
Jordi Soler es escritor.
Leer en El País 

dimarts, 25 de desembre del 2012

SOMBRAS, en el Diario.es, El Diari de la Solidaritat

Publico este artículo en  Catalunya Plural, de El Diario.es,

En este último trimestre del año muchas personas han intentado llegar de forma desesperada a Europa. Algunas han saltado la valla de Melilla y otros han emprendido un viaje muy arriesgado en patera. Algunas han dejado su vida en el camino y otros han conseguido su objetivo a un precio muy alto.
La tragedia se hace más grande aún cuando se piensa en lo que les espera en su destino anhelado.
Decía Edward Said que el exilio es algo curiosamente cautivador cuando se piensa, pero terrible de experimentar. Es una grieta imposible de cicatrizar que se impone entre un ser humano y su lugar natal. Nunca, decía, se puede superar su esencial tristeza.
Pensar en el propio exilio (autoexilio, si se quiere) es un lujo. La verdad es que la mayoría de estas personas vivirán una pesadilla eterna. Sus expectativas y deseos obtendrán una sonora bofetada de la realidad.
Si aún no han tenido la ocasión, los animo a que vean el extraordinario documental de Oriol Canals: 'Sombras'. (pincha aquí para ir a su web) Un magnífico acercamiento a las vidas de un grupo de personas, todos hombres negros, inmigrantes, la mayoría de ellos indocumentados, que malviven en el pueblo de Alcarràs (Lleida).
Esta película ha merecido los elogios de algunos medios franceses. He leído excelentes críticas aparecidas en Le Monde, Le Canard Enchainé y La-Croix, y he visto también la entrevista que le realizaron al director en France 24. Y me consta que otros medios de ese mismo país han hablado también de este filme de forma muy elogiosa.
En nuestro país, en cambio, no se ha producido ninguna reacción. Ninguna crítica. Y me gustaría contribuir a deshacer este silencio.
Oriol Canals nos ha dado una magnífica oportunidad para seguir de cerca a algunas de estas personas que en su día franquearon la valla de Melilla, cruzaron a pie buena parte de África, viajaron en una patera hasta territorio español y perdieron amigos por el camino y compañeros de viaje, pensando que acabarían encontrando una vida digna.
No era fácil conseguir acercarse a ellos como lo ha hecho este realizador. Se trata de personas que desconfían, que se sienten perseguidas, que quieren mantener su dignidad callando y no llorando y denunciando que son víctimas de una de las injusticias más grandes ... Su trabajo paciente, un total de siete años, ha dado un magnífico resultado: consigue mostrarnos a la persona que hay detrás del inmigrante indocumentado.
Y con el corazón compungido le escuchas decir a una de estas personas que aquí, en Europa, al contrario de lo que pensaban, hay lista de espera. No es llegar y despegar. Se trata de llegar y esperar. Otro de estos hombres le dice al director que la vida es aquello que tú haces. "Tú, por ejemplo, has encontrado tu forma de vida haciendo películas. Pero yo no tengo ningún tipo de vida. Yo no hago nada".
Vivir esperando, deambulando sin saber a dónde ir, qué hacer, buscando, pensando, sin poder dejar de hacerlo, en la gran decepción europea, en la familia que dejaron atrás, en los muertos que se quedaron en alguna parte del desierto o en el fondo del mar, en los documentos que deben reunir para intentar legalizar su situación, en los contratos falsos que deben pagar... Éste es el destino de muchas de las personas que lograron su objetivo de entrar en Europa.
Algunos de ellos acceden a sentarse delante de la cámara y hablar a sus familias. Casi todos ellos se refieren en un momento u otro a Dios. Es él quien dispone las cosas y él quien puede cambiar su situación. Sorprende en un primer momento, pero a medida que los vas escuchando entiendes que si no tuvieran fe en Dios, en la trascendencia, hubieran enloquecido por el efecto de la rabia, la nostalgia, el rechazo y la injusticia.
El filme es magnífico porque consigue tratar con mucha dignidad a sus protagonistas, no cae en el victimismo, nos muestra la complejidad de unas personas que viven en los márgenes y que han entendido que no hay salida, que su viaje les ha llevado a un lugar difícil, agreste, pero, sorprendentemente, se mantienen de pie y no dejan de luchar.
Y si ellos no han perdido la esperanza, no lo hagamos nosotros. Vean este filme para aprender algo de estas sombras con las que nos topamos a diario. Yo sigo impactado.
Somos muchos los que venimos diciendo desde hace un tiempo que, si aceptamos el maltrato y la exclusión de los inmigrantes, estamos abonando el terreno para que algún día nos toque a nosotros también. Y, efectivamente, esta crisis nos está demostrando que la gran mayoría de la población es vulnerable. La pobreza ha dejado de sernos ajena.

Trailer del film.
                                          OMBRES
En aquest darrer trimestre de l'any moltes persones han intentat arribar de forma desesperada a Europa. Algunes han saltat la tanca de Melilla i d'altres han emprès un viatge molt arriscat en pastera. Algunes han deixat la seva vida pel camí i d'altres han aconseguit el seu objectiu a un preu molt alt.
La tragèdia es fa més gran encara quan es pensa en allò que les espera en el seu destí anhelat.
Deia Edward Said que l'exili és quelcom curiosament captivador quan s'hi pensa, però terrible d'experimentar. És una clivella impossible de cicatritzar que s' imposa entre un ser humà i el seu lloc natal. Mai, deia, no es pot superar la seva essencial tristesa.
Pensar en el propi exili (autoexili, si es vol) és un luxe. La gran veritat és que la majoria d'aquestes persones viuran un etern malson. Les seves expectatives i desitjos obtindran una sonora bufetada de la realitat.
Si encara no han tingut l'ocasió, els animo a que vegin l'extraordinari documental d'Oriol Canals: Sombras. Un magnífic apropament a les vides d'un grup de persones, totes elles homes negres, immigrants, la majoria d'ells indocumentats, que malviuen en el poble d'Alcarràs (Lleida).
Aquesta pel.lícula ha merescut els elogis d'alguns mitjans francesos. He llegit excel.lents crítiques aparegudes a Le Monde, Le Canard Enchainé i La-Croix i he vist  també l'entrevista que li van realitzar al director a France 24. I em consta que altres mitjans d'aquest mateix país han parlat també d'aquest film de forma molt elogiosa.
Al nostre país, en canvi, no s'ha produït cap reacció. Cap crítica. I m'agradaria contribuir a desfer aquest silenci.
Oriol Canals ens ha donat una magnífica oportunitat per seguir de prop algunes d'aquestes persones que en el seu dia van franquejar la tanca de Melilla, van creuar a peu bona part de l'Àfrica, van viatjar en una pastera fins territori espanyol i van perdre amics pel camí i companys de viatge, pensant que acabarien trobant una vida digna.
No era fàcil aconseguir apropar-se a ells com ho ha fet aquest realitzador. Es tracta de persones que desconfien, que se senten perseguides, que volen mantenir la seva dignitat callant i no plorant i denunciant que son víctimes d'una de les injustícies més grans... El seu treball pacient, un

dimecres, 21 de novembre del 2012

EL VIAJE DE KALILU


 En los últimos meses mucha gente ha muerto en el estrecho, otros están atrapados en Marruecos malviviendo en los alrededores de Nador y Oujda y otros muchos se han quedado por el camino - muertos en el desierto, chantajeados por las mafias etc.-. Hace unos años escribí este artículo que no llegué a publicar en Público. Lo publico ahora en mi blog. Es mi pequeño granito de arena para que no nos olvidemos de toda esta gente.



Que la felicidad nunca puede ser completa es una lección elemental que cualquier persona descubre en algún momento de su existencia. No es necesario haber vivido grandes experiencias para darse cuenta de ello. En cambio, que la infelicidad tampoco puede serlo, lo descubrí leyendo a Primo Levi en su libro Si esto es un hombre.
Paso a explicarles el por qué de esta reflexión.
            Recientemente, he tenido la oportunidad de compartir mesa con Kalilu Jammeh. Él presentaba su libro, El viaje de Kalilu. Cuando llegar al paraíso es un infierno.De Gambia a España: 17345 Km en 18 meses, y yo debía hablar, a continuación, de la afectación psíquica que puede generar un proceso migratorio penoso.
Me sentí ridículo. Yo no podía añadir nada a lo que él nos estaba contando y, en caso de poder hacerlo, no tenía la certeza de poder expresarme bien. Temía emocionarme y tener que interrumpir mi intervención. Finalmente mi charla fue más corta de lo previsto y yo no, pero otra persona, la encargada de coordinar el acto, soltó las lágrimas que todos los asistentes al acto habíamos estado reprimiendo. Alguien sensato debía de hacerlo. Era tan doloroso lo que escuchar todo lo que nos explicaba que alguien debía de autorizarnos a parar y descargar la pena que sentíamos.
            Nos describió lo que él denomina un holocausto ignorado. El viaje que emprenden muchos africanos para llegar a Europa.  Nos hizo saber que solamente un 5% de los que se lo proponen llegan a su destino. El resto muere de hambre, son asesinados o se quedan por el camino. Pero ni el libro ni su presentación se quedan en las frías cifras. También nos contó hechos concretos: en Algeria lo detuvieron, pasó meses en cárceles infrahumanas y cuando lo dejaron en libertad, fue para llevarlo al desierto y abandonarlo allí a él y a otros muchos sin agua y sin comida. Es decir, pretendían matarlos. Al fin y al cabo se estaban quitando un problema de encima y le estaban ahorrando otro a la vieja Europa, cansada ya de tanto inmigrante. Él pudo salvarse gracias al dinero que guardaba con mucho celo y que le sirvió para pagar a un Tuareg para que lo salvara. (ya ven, allí donde haya miseria, florecen nuevos negocios). Otros no tuvieron tanta suerte. Vio morir a mucha gente y se encontró con  esqueletos y restos de cadáveres durante todo el camino, especialmente en Argelia y el Sáhara.
 Podría seguir relatando un sinfín de crueldades que a uno le hacen pensar si este es el mundo en el que queremos habitar, pero dejémoslo en que detrás de muchas de estas personas que llamamos inmigrantes hay un historia repleta de experiencias terribles. Sed, hambre, ahogos, enfermedades, puñaladas, robos, arbitrariedades, policías delincuentes, estados asesinos, mafiosos inhumanos etc.
            Me conmovió especialmente el agradecimiento con el que hablaba de la guardia civil de Lanzarote. Después de 18 meses de travesía (que fue lo que duró el viaje que, según los mafiosos a los que pagaron, debía de transcurrir en 15 días), los agentes de este cuerpo fueron los primeros que los trataron como a personas.
            La lección que extraje del libro de Primo Levi, me ayudó  a hacer más tolerable los sentimientos que iba experimentando. El  libro de Kalilu,  que se gestó como proyecto ya en la misma travesía para  explicar a toda la gente que lo quisiera leer la historia de tantos africanos que cometieron el error de soñar con un futuro, fue un motivo para no sucumbir a tanta infelicidad. Alguien tenía que explicar e intentar hacer justicia a los muertos que se encontró en el desierto y a los que iba dejando por el camino
            No hacía mucho había leído también la  excelente primera novela de Uzodinma Iweala, Bestias sin Patria, en la que se narra en primera persona la historia de Agu. Un niño listo que, empujado por las terribles circunstancias, se ve convertido en un niño soldado. Un relato de una violencia atroz que el autor empezó a concebir después de haberse encontrado en el Newsweek con la foto de un niño negro de brazos flacuchos que parecía mirar al mundo acusándolo de haberlo abandonado y al mismo tiempo suplicando el perdón. El pie de esta foto decía que había sido un niño soldado.
            Exactamente esto, un reproche por haber sido abandonado y una súplica de perdón por no haber podido salvar al resto de personas que viajaban con él, fue lo que me pareció ver en la expresión de Kalilu.    
            Comprendre cansa. Però mai no tant/  perquè no pugui ser l’últim refugi (comprender cansa, pero nunca tanto/ como para que no pueda ser el último refugio). Estos versos de Joan Margarit también acudieron a mi rescate y me animaban a escucharlo con atención.
Quizás nos parezca mejor cerrar los ojos y los oídos y seguir viviendo en nuestra burbuja europea (un narcótico muy potente) y pensar que vivimos en el mejor de los mundos y que los otros (los inmigrantes) deben de integrarse en nuestra sociedad sin hacer demasiado ruido y callando sus miserias para no devolvernos una imagen demasiado cruel de nosotros mismos. Quizás sí. Pero permítanme discrepar. Tenemos la obligación de saber en qué mundo habitamos. Porque, no nos engañemos, algo tenemos que ver con el sufrimiento de estas personas.
            Incluso para los que tengan la tendencia de pensar que la responsabilidad siempre está en un lugar muy lejano y que la miseria es debida a la corrupción de los otros, y que la mentira es responsabilidad de las mafias, formadas por unas almas crueles que nada saben de sentimientos, que las guerras en África son por cuestiones tribales que convierten a los africanos en lo que alguien denominó gente de machete fácil, cada vez les será más difícil mirar a otra parte. Kalilu y otros tantos están empeñados en no callar.
 

dimecres, 17 d’octubre del 2012

RECOMIENDO "EL ANIMAL MORIBUNDO" DE PHILIP ROTH

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Cita: "No importa cuánto sepas, no importa cuánto pienses, no importa cuánto maquines, finjas y planees, no estás por encima del sexo. Es un juego muy arriesgado. Uno no tendría dos tercios de los problemas que tiene si no corriera el albur de la jodienda. El sexo es lo que desordena nuestras vidas normalmente ordenadas”.

 Un interesante artículo, híbrido de crítica literaria y análisis político:

El animal moribundo

Somos un país sin autoestima que se debate entre el temor y la indignación

Fernando Vallespín, El Páis, 7 de junio de 2012

Leer en El País

Cualquiera que haya leído a Philip Roth, el flamante nuevo premio Príncipe de Asturias de las Letras, sabrá que el título de esta columna se corresponde con una de sus mejores novelas. Otros, menos familiarizados con la obra de este escritor, pensarán que su contenido se refiere al país en que vivimos. Esta es la idea, tratar de homenajear a uno de los mejores escritores contemporáneos acercándolo a la situación colectiva de quienes le hemos otorgado el premio; explicarle quiénes somos recurriendo a su misma obra.
Empeño difícil donde los haya, porque si hay algo que caracteriza a este autor es, precisamente, el desarraigo de sus personajes, su irreprimible subjetividad y la imposibilidad de que cualquier vínculo social pueda aliviar mínimamente la soledad de la existencia. Ni siquiera mediante su instrumento preferido, la sexualidad. Ya sea como huida o como el único medio a través del cual pueden dar cuenta de sí mismos.
Lo excepcional del libro que lleva este título es que su personaje principal, David Kempesh, un sesentón conquistador y promiscuo, se obsesiona con su última amante, una joven de 24 años. Se atormenta con los celos y se ve obligado a pasar revista a su vida; una vida marcada por la autogratificación sexual como único objetivo, pero carente de implicación con su parte emocional. El cáncer de pecho que se le descubre a ella lo ubica en una situación de perplejidad que le lleva a replantearse todo lo que hasta ese momento había dotado de sentido a su existencia y lo arroja a la fría realidad de su propia decadencia. Todo ello desde el anhelo de la juventud perdida y la irreversibilidad de sus opciones vitales.
En un ejercicio de imaginación, casi dando un salto en el vacío, podríamos trasladar las desventuras de Kempesh a un gran sujeto colectivo, España después de la crisis. Pasar, por tanto, de la narrativa de una desestabilización psíquica personal al relato de una desestabilización social. Porque si hay algo que se detecta en el ambiente, es un impulso casi mórbido por dar cuenta de nuestras patologías. Nuestra vida pública se ha convertido en un monólogo de muchas voces en el que, entre perplejos e incrédulos, no dejamos de buscarle el sentido a nuestra historia reciente; a cómo una joven democracia llena de vida y optimismo pudo devenir en un país inseguro de sí mismo que en algún momento erró en su camino. Un país sin autoestima que se debate entre el temor y la indignación, que no deja de ver fantasmas —quizá los “hombres de negro” de Montoro— y, paralizado por su desorientación, es incapaz de afrontar la solución de sus problemas. En poco tiempo nos hemos echado cuarenta años encima.
 Y, sin embargo, sabemos bien cómo hemos llegado hasta aquí. Lo que en el libro de Roth constituye el trasfondo social de la trama, la revolución sexual de los sesenta, equivale en nuestro país a la revolución neoliberal. Si para Kempesh no había más verdad que el orgasmo, sin otros añadidos, para nosotros ese lugar lo ocupó el dinero fácil, el hiperconsumo desbocado y un privatismo insolidario alejado de cualquier vínculo cívico. Por decirlo con M. Sandel, de una economía de mercado pasamos a una sociedad de mercado, sin más nada. A la vista de la cantidad de escándalos que salpican cada día nuestra vida política, ahora sabemos que lo que subyacía a todo era una crisis moral. En lo personal, que cada cual se las arregle con la moralidad que le venga en gana, pero en la vida social la ausencia de una ética pública es la mejor garantía de la quiebra de la cohesión y la confianza sociales. Esto lo sabemos ya desde Aristóteles.
Pero ha llegado el momento de abandonar los lamentos y de tanto psicoanálisis colectivo. El diagnóstico ya lo tenemos. Ahora solo falta que todos empujemos en la misma dirección. No somos un animal moribundo, pero sí hemos perdido pulsión erótica de tanto mirarle la cara a Thanatos y de lamernos nuestras propias heridas. No existe un equivalente social funcional al sexo con amor, pero sí hemos aprendido lo suficiente como para saber que no hay una solución individual a los problemas colectivos y que las múltiples crisis que nos afectan —moral, institucional, económica— solo encuentran una salida con el compromiso de todos y dotando de nuevo contenido a las virtudes públicas tradicionales. Por ahí es por donde hay que empezar. No es nada rothiano esto de acabar moralizando, pero, después de todo, su relato no es el nuestro. Nosotros sí tenemos futuro, y lo vamos a ganar.

Otros libros recomendados:

Xenofòbia a Catalunya, de Xavier Rius 
Vetlla, de Jordi Llavinia
Hacia una democracia laic
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI  
 HANIK KUREISI, EL BUDA DE LOS SUBURBIOS
La escritura o la vida, de Jorge Semprún
Hopper de Mark Strand 

 

dilluns, 23 de juliol del 2012

RECOMIENDO ESTE ENSAYO: HOPPER, DE MARK STRAND

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 Cita: Al comentar el cuadro que Hopper tituló "Sol en el segundo Piso" (1960), Mark Strand afirma ESlo siguiente: "La mujer mayor lee una revista, la joven mira más allá del marco de la pintura. El hecho de que estén ocupadas cada una en lo suyo, y sin embargo compartan el mismo porche, es suficiente para sugerir posibilidades narrativas que llevarían al espectador muy lejos de lo que tiene ante los ojos. No obstante, estas dos maneras de involucrarse visualmente con el cuadro - la espacial y la narrativa- parecen equilibrarse entre sí, sin que ninguna de ellas asuma un dominio total: cuando las narraciones que aportamos nos llevan demasiado lejos, la geometría de la pintura nos llama de vuelta, y cuando esta geometría se torna aburrida su potencial narrativo se reafirma".


 Os adjunto esta reseña fantástica de F. Calvo Serraller:

Trapecios 

Francisco Calvo Serraller, El País, 7 de junio de 2008


Siendo los poetas quienes mejor nos desvelan lo que, a fuerza de ser visto cotidianamente, nos resulta invisible, no es raro que se hayan convertido en intérpretes de esas visiones estancadas que son los cuadros. Tal es el caso del poeta canadiense Mark Strand (Isla Príncipe Eduardo, 1934), cuyo peculiar ensayo Hopper (Lumen) acaba de ser editado en castellano en versión de J. A. Montiel. Como seguramente habrá adivinado el lector, el lacónico "Hopper" del título es el apellido del hoy mundialmente célebre pintor estadounidense Edward Hopper (Nueva York, 1882-1963), cuyas magnéticas imágenes de la vida cotidiana de su país hace tiempo que desbordaron su preciso marco local para transformarse en el observatorio especular de la soledad del hombre contemporáneo. Pues bien, Mark Strand encara el universo icónico de Hopper mediante 32 breves comentarios de 30 cuadros del pintor, que están redactados con distanciada prosa forense, pero para así mejor atizar el aliento poético que subyace a cada una de las asépticas escenas pintadas.
Según nos advierte en el prefacio de su libro, Strand quiere evitar en su análisis toda tentación empática de dejarse atrapar por una fácil identificación con lo local y lo sentimental; esto es: por quedarse en una sociología y una psicología ocasionales del american way of life, aunque sea cortado por el patrón de la vida cotidiana del segundo cuarto del siglo XX. Para lograr este propósito, Strand aísla, con fría sagacidad, por un lado, la trama dominante de la mayoría de las composiciones pintadas por Hopper, el cual repite machaconamente la estructura geométrica de un trapecio isósceles, mientras, por otro, se concentra en diseccionar la dirección y el sentido de la luz que las alumbra. Aunque esta descripción tan estrictamente formalista pudiera parecernos, en principio, desanimante, o, nunca mejor dicho, descorazonadora, la realidad es que da de lleno en la diana del arte de Hopper y, si se me permite, del arte en sí, porque apunta al difícil equilibrio o, habría que decir quizá mejor, a la pugna entre lo estable y lo inestable, entre el espacio y el tiempo, que marcan el frágil destino mortal del ser humano.
Lo inestabilizador del trapecio isósceles, que es el que tiene iguales los dos lados no paralelos, cuando se aplica a una composición pictórica, se debe a que nos obliga a estar de paso frente a lo que vemos en un cuadro, dejándonos, como quien dice, in albis, sobre cualquier más allá que antecede o sucede a la escena que miramos. Por lo demás, la luz de Hopper es todo menos vibrátil y saltarina, y contra natura, enfosca el espacio y detiene la acción. De esta manera, Hopper, según Strand, violando nuestras rutinarias expectativas, nos lleva al paroxismo de la intriga, como ese trapecista de circo cuyo equilibrio está garantizado por dar estabilidad con su propio peso al frágil y precario balancín donde pende sobre el vacío. Y es que el arte, precisamente por tratar sobre algo tan volátil como la vida humana, necesita sobre todo de la matemática y de la física, que explican las leyes donde se encuadra y gravita nuestra soledad. -


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Otros libros recomendados:
Vetlla, de Jordi Llavinia
Hacia una democracia laic
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI  
 HANIK KUREISI, EL BUDA DE LOS SUBURBIOS
La escritura o la vida, de Jorge Semprún
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dijous, 28 de juny del 2012

LIBRO RECOMENDADO: HACIA UNA DEMOCRACIA LAICA. VOCES DE MUJERES MUSULMANAS


LIBRO RECOMENDADO: HACIA UNA DEMOCRACIA LAICA. VOCES DE MUJERES MUSULMANAS, DE JOSEFINA BUENO Y OTRAS AUTORAS:


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Cita: "Este no es un libro "contra", sino " a favor de", puesto que da a conocer en español textos que hablan de la emergenica de un islam político tanto en países musulmanes como en países de inmigración, textos que analizan las condiciones políticas y sociales que conlleva la intromisión de la religión en la esfera pública y, lo más importante, que ponen de manifiesto cómo el discurso instrumentaliza a las mujeres y las convierte ensignos visibles de su ideología".


ARTÍCULO RECOMENDADO:
 

Escuchar las 'Voces de mujeres musulmanas'

El libro 'Hacia una democracia laica' es un alegato frente al riesgo de que las elecciones en países musulmanes deriven en una pérdida de derechos y libertades

24.05.12 - 00:50 -

La Fundación Euroárabe de Altos Estudios presentó ayer el libro 'Hacia una democracia laica. Voces de mujeres musulmanas' (Bellaterra), en el que cuatro intelectuales realizan un alegato frente al retroceso que el Islam político supone para los derechos y libertades de la población de los países musulmanes, en general, y de las mujeres, en particular. La editora y traductora del libro es Josefina Bueno, profesora titular de Filología Francesa de la Universidad de Alicante, que ha querido facilitar así la difusión en España de estas investigadoras francófonas.
Las autoras son la socióloga iraní Chalha Chafiq, la historiadora tunecina Latifa Lakhdhar y las argelinas Wassyla Tamzali, abogada, y Latifa Ben Mansour, lingüista. Tanto Chafiq como Ben Mansour viven exiliadas en París a causa de la oleada islamista en sus respectivos países.
Los textos fueron escritos antes de la explosión de las llamadas primaveras árabes, pero precisamente las consecuencias de aquellas revueltas callejeras ponen de nuevo de actualidad las reivindicaciones de estas autoras: esta misma semana Egipto elige al presidente que sustituirá a Hosni Mubarak y entre los favoritos hay, junto a dos exministros del derrocado dictador, un islamista 'moderado' y otro radical.
No en vano, para la portada del libro la editora ha elegido una imagen de la bloguera tunecina Lina Ben Mhenni, una de las promotoras de la revolución democrática en su país. Por otro lado, Lakhdar es vicepresidenta de la Alta Instancia para la Realización de los Objetivos de la Revolución y la Transición Democrática de Túnez.
La profesora Bueno recordó que la situación de las mujeres en Túnez era una de las más favorables del mundo islámico, pero la caída del dictador Ben Alí y las posteriores elecciones dieron el poder al partido islamista Ennahda que, aunque ha renunciado a aplicar la 'sharia' en la nueva Constitución, abre numerosas incógnitas sobre los derechos y libertades femeninos.
La editora recordó que la experiencia iraní, con una república islámica que ya tiene treinta años, es un buen ejemplo del riesgo de retroceso. «El velo es un símbolo físico que no tiene gran importancia. El peligro es instaurar democracias que se basen en la ley islámica, que da un barniz religioso a toda la sociedad e intenta uniformizarla», resaltó.
La poligamia; la dependencia social y jurídica del marido, el padre o el hermano; las restricciones a la moral sexual y reproductiva; el veto a la vida profesional; o el control de la vestimenta y la conducta pública son solo algunas de las restricciones a los derechos de las mujeres que se registran en Irán y en otros países donde gobierna el Islam político.
Relativismo cultural
Además de filóloga, Josefina Bueno es especialista en literatura magrebí y en feminismo; ha trabajado junto a intelectuales francófonas del Magreb y su influencia en temas de integración en la Europa multicultural. En este aspecto, subrayó que los textos de estas mujeres no solo son interesantes para comprender la realidad de la otra orilla del Mediterráneo, sino también para entender algunas conductas de los inmigrantes de esos países entre nosotros.
Bueno matizó que el libro critica también el «relativismo cultural» de algunos europeos que abogan por respetar el resultado de las elecciones, aunque algunos partidos tengan proyectos completamente antidemocráticos y que atentan contra los derechos de las minorías no musulmanas o de las mujeres.
En la presentación participaron además la secretaria ejecutiva de la Fundación Euroárabe, Pilar Aranda, y la profesora de Filosofía del Derecho de la UGR Ana Rubio.



dimecres, 20 de juny del 2012

LA IZQUIERDA Y EL ISLAM POLÍTICO, La religión el en debate público

Publico hoy este artículo en El Periódico
 La socialdemocracia debe ser una alternativa a los movimientos islamistas, no su aliada
Saïd El Kadaoui


Quien escribe estas líneas tiene ideas políticas. Cree que la socialdemocracia –es decir, visión progresista de la sociedad, participación ciudadana en la cosa pública e inclusión de las minorías sociales– es la opción política que mejor puede garantizar la justicia social. Y observa con
 preocupación la confusión, por no decir miedo, con que la socialdemocracia y la izquierda en general se relacionan con el islam político.
 Una primera idea básica debería ser, a mi juicio, el punto de partida: el islam político es, en el mejor de los casos, un adversario político para la socialdemocracia. Y cuando cruza las líneas rojas con propuestas que cuestionan la organización democrática de la sociedad deja de ser un adversario y se convierte directamente en un enemigo a combatir.

 Boualem Sansal,el escritor argelino, sostiene que el islamismo es una forma de fascismo. Partiendo de esta premisa es más fácil blindarse ante él como se hace con los partidos xenófobos (o quizá sería más exacto decir «como se hacía antaño») porque, no lo olvidemos, los radicales –salafistas et alter – son tan intransigentes o más que los xenófobos (odian a la mujer, a los homosexuales, a los no musulmanes y mucho más a los musulmanes laicos y a los ateos, y toleran como impuros a todos aquellos musulmanes que practican su religión de forma más relajada).
          En un reciente artículo, Félix de Azúa ( Decadencia del intelectual demócrata, El País, 29 de mayo) reseñaba elogiosamente el último libro de Paul Berman, un ensayo que, según Azúa, denuncia las trampas del progresismo que celebra, en virtud de la equidistancia, postulados islamistas como los de Tariq Ramadan , un ortodoxo que aprecia la modernización y la considera compatible con la religión coránica.
 Estaría de acuerdo con Berman (siempre a través de Azúa , puesto que no he tenido oportunidad todavía de leer su libro) en que Ramadan tiene una estudiada ambigüedad sobre temas como la lapidación por adulterio o la ablación, por ejemplo. A mi parecer, Ramadan es un encantador de serpientes peligroso. No creo que sus ideas tengan que ser defendidas, protegidas y mucho menos asumidas por la socialdemocracia.
           Mario Vargas Llosa es otro de los intelectuales que han criticado en más de una ocasión el silencio o el poco empeño que a su juicio ha puesto la izquierda en defender la democracia ante las embestidas del islam más retrógrado.
                Cito a estos autores y no a muchos otros que han escrito sobre el tema porque a estos dos los admiro y porque pienso que la izquierda no puede despachar a la ligera sus opiniones, pero lo hago también porque son dos intelectuales con algunos de cuyos planteamientos políticos discrepo profundamente. En el tema que nos ocupa hoy, me llama la atención, entre otras muchas cosas, que ambos elogien tan desmesuradamente a Ayaan Hirsi Ali, que, aun siendo una mujer extremadamente valiente, independiente y admirable, tiene ideas sumamente estereotipadas del islam, al que presenta todo él como una ideología tribal. Más interesantes me parecen las opiniones mucho más contrastadas y rigurosas de dos intelectuales como Fatima Mernissi y Nawal El Sadawi (cito a estas dos autoras porque tienen obra traducida al catalán y al castellano), cuyos textos no dejan duda de su adscripción en la izquierda política pero que no necesitan cargarse el islam como religión.
          Me encuentro entre los que en su momento creyeron que la elección como parlamentario de un socialista catalanomarroquí, Mohamed Chaib, contribuiría a clarificar y fortalecer el discurso de la izquierda con respecto al islam. Me equivoqué. Su paso por el Parlament y por el PSC ha sido, en este sentido, decepcionante. Algún día habrá que hacer un balance más frío y riguroso, pero lo cierto es que dio cancha al conservadurismo más recalcitrante de muchos de los marroquís y árabes que viven en Catalunya, no diferenció entre el islam como religión de muchos catalanes del islam político, y siempre se relacionó más cómodamente con la oficialidad de sus países de origen que con su sociedad civil.
       La socialdemocracia tiene que ser una alternativa al islam político. No su aliada. Y debe establecer lazos con los partidos de izquierda (haberlos, haylos) que llevan decenios luchando en todos los países amazigs –árabes, árabes y/o musulmanes– para tener una sociedad donde el laicismo sea la norma y donde no se regatee ningún derecho a la mujer, a los homosexuales y a todos los credos religiosos.

            Es conveniente recordar también que muchos de los que critican hoy la relación de la izquierda europea con el islam pretenden negar el pan y la sal al islam como religión de muchos europeos. Creo que incluso a nivel estratégico es mejor olvidarnos de nuestras propias filias y fobias (la religión, para mí, es algo totalmente prescindible) y no dar cancha a los radicales que, en un contexto de rechazo generalizado al islam, pueden aparecer como los únicos que no se pliegan ante dicho rechazo.
 
 Psicólogo y escritor.
Leer en El Periódico, aquí

divendres, 8 de juny del 2012

MESQUITES. Publico aquest article al Punt Avui

Quan una persona o un grup (ètnic, social o religiós) es pensa a si mateix com una mera víctima del maltracte, del rebuig
i de l'agressivitat dels altres, comença
a abonar el terreny per justificar
la seva pròpia agressivitat 


 
La decisió de l'Ajuntament de Salt de prohibir l'obertura de centres de culte al polígon Torre Mirona i fer-ho en el centre urbà és un canvi en principi que jo veig com a positiu. Els reiterats canvis d'opinió demostren, però, una desorientació important. I, sent sincers, part d'aquesta desorientació jo l'entenc. Hi ha massa interessos foscos darrere de la construcció de molts d'aquests centres. El pitjor és el d'un sector que, no per minoritari, no ha de ser temut. El dels fanàtics, literalistes, salafistes, dogmàtics o com en vulguin dir.
A mi aquest tema, i en general tot allò que faci referència a la inclusió social de la població immigrant, m'agrada mirar-me'l pensant en els seus fills. Alguns nascuts aquí a Catalunya o vinguts en edats molt primerenques. I, per tant, catalans. I sempre arribo a la mateixa conclusió: necessitem repensar la nostra identitat i la d'aquests joves. M'explico i, per fer-ho, permetin-me que me'n vagi a França.
Mohamed Merah, l'autoproclamat mujahidí de l'organització terrorista Al-Qaida que va assassinar tres militars francomagribins i quatre ciutadans francesos que professaven la religió jueva, tres d'ells nens indefensos, era fill d'algerians que van emigrar a França. Ell, però, havia nascut a França. Un amic francès, el germà del qual treballa de mestre en una escola de les banlieues, m'ha explicat que aquest assassí s'ha convertit en un heroi per a alguns dels joves francesos d'origen magrebí. Sembla que, en una part d'aquesta població, s'està estenent el sentiment de rebuig cap a la seva identitat francesa.
La suma de la exclusió social i el buit identitari d'alguns d'aquests joves, fills o néts d'immigrants musulmans, incapaços de trobar el seu lloc, és un còctel que pot tenir conseqüències nefastes. També a casa nostra.
La meva opinió és que per reduir les possibilitats que aquests joves siguin temptats pel camí del nihilisme, la sociopatia i l'agressivitat extrema, hem de valorar com a prioritària la seva inclusió social. Deia Amin Maalouf que tots som dipositaris de dues herències, la vertical – aquella que ens ve donada pels avantpassats, les tradicions del nostre poble, de la nostra comunitat religiosa...– i l'horitzontal –producte de la nostra època, dels nostres contemporanis–. Segons la seva opinió és més important l'horitzontal. Jo tendeixo a pensar que som un tot i que tan important és l'origen com els diferents ports als quals ens condueix la vida. Aquesta idea complexa de la identitat i una cura especial per la justícia social i la igualtat d'oportunitats pot afavorir que aquests joves entenguin allò que diu Amy Gutman en el seu llibre La identidad en democracia, que el respecte per les persones implica no respectar la tirania que exerceixen les majories o les minories culturals. Abraçar l'islam fanatitzat no és resoldre el conflicte de fidelitats –entres les seves diferents pertinences– sinó perpetuar-lo, amb la possibilitat que es converteixin a més en terroristes despietats.
Quan una persona o un grup (ètnic, social o religiós) es pensa a si mateix com una mera víctima del maltracte, del rebuig i de l'agressivitat dels altres, comença a abonar el terreny per justificar la seva pròpia agressivitat. I és en aquestes aigües on els fanàtics busquen fidels per als seus temples de l'odi. I tornant al tema de les mesquites: crec que ens hem d'anticipar als fanàtics. S'han de construir les que corresponguin al volum de musulmans que hi hagi en un indret determinat, no haurien de ser a la perifèria, haurien de ser dignes i els imams que se n'encarreguin haurien de saber els límits que imposa un estat de dret. I, si com sembla que va passar amb l'imam de Terrassa, s'incorre en responsabilitat criminal, que responguin davant de la justícia.

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dilluns, 28 de maig del 2012

LIBRO RECOMENDADO: JORGE SEMPRÚN, "LA ESCRITURA O LA VIDA"

En este link encontraréis algunos de los libros que he disfrutado y que recomiendo encarecidamente. De cada libro os adjuntaré una frase que me parezca que tenga gancho y un artículo mío o de cualquier otro que hable de él y/o del autor. 



Frases:
" - (...) El verdadero problema no estriba en contar, cualesquiera que fueren las dificultades. Sino en escuchar... ¿Estarán dispuestos a escuchar nuestras historias, incluso si las contamos bien? (...) - Contar bien significa: de manera que sea escuchado. No lo conseguiremos sin algo de artificio. ¡El artificio suficiente para que se vuelva arte! (...) - El otro tipo de comprensión, la verdad esencial de la experiencia, no es transmisible ... O mejor dico, sólo lo es mediante la escritura literaria".




Entrevista:Jorge Semprun | ENTREVISTA 
"Sin memoria, yo no existiría"

Es un militante de la memoria. Sus recuerdos guardan la historia reciente de España y de todas las vidas que ha vivido. Este intelectual español y francés sigue escribiendo para no olvidar.

Este hombre es memoria. Pura memoria.
En La escritura o la vida, Jorge Semprún cuenta su experiencia como deportado 44.904 en el campo de concentración de Buchenwald, en la Alemania de Hitler. "Todo me había ocurrido, ya nada podía sucederme. Nada sino la vida, para devorarla con avidez".
Cuando se produjo la liberación, este joven, que sólo tenía 22 años y ya había sido resistente en Francia contra la Gestapo, bebió, bailó, corrió caminos hasta volver a París. Empezó a devorar la vida, y la devoró a veces con pasión y con placer, y a veces con melancolía, jamás con el sentimiento de la derrota.
Exiliado español, huérfano de madre muy pronto, hijo de un católico que había preferido la República, nieto de Antonio Maura, abrazó la diáspora mientras estaba en Biarritz, de vacaciones con su padre, y luego fue, en los años cincuenta, un comunista que desafió a Franco en España (durante un tiempo, en casa del poeta Ángel González) con el nombre de Federico Sánchez. Luego fue expulsado por Santiago Carrillo del Partido Comunista de España, junto a Fernando Claudín, y siguió abrazando la escritura y la vida; fue guionista de muchas películas célebres, algunas de las cuales las hizo con Alain Resnais, Costa-Gavras y casi siempre con Yves Montand; noveló su vida y otras vidas (El largo viaje, La segunda muerte de Ramón Mercader, Aquel domingo, Autobiografía de Federico Sánchez), y fue ministro de Cultura con Felipe González entre 1988 y 1991.
Felipe le llamó un día, le dijo que le divertía imaginar que los que le persiguieron largo tiempo, le guardaran ahora, y le confió un sitio en el Consejo de Ministros. La vivienda que le asignaron estaba al lado de la casa donde vivió su infancia, muy cerca de la casa de su abuelo. Un día le llevaron al domicilio de Antonio Maura, muchos años después, ya siendo ministro, y fue él quien guió, con una memoria que no ha conocido altibajos, los pasos de los que pretendían enseñarle el sitio de sus correrías de chico. "Aquí estaba la cama, aquí la mesilla, aquí tenía las pantuflas el abuelo".
Con esa minuciosidad de orfebre de la memoria sigue contando Semprún, a sus 84 años, sus andanzas y también sus conversaciones. Le hablamos de un contemporáneo: "Sí, la primera vez que le vi, él estaba vestido con una chaqueta verde, ¡verde para aquellos tiempos! Y estábamos en el café Varela, en Madrid; también estaba Pepe Hierro...". Sus memorias alcanzan una intensidad especial, emocionante, en ese libro que citamos al principio, La escritura o la vida (Tusquets, como casi toda su obra), donde acaso reempieza su biografía, donde renace Semprún con su propia identidad, despojado del pavor encerrado de la guerra que hizo Hitler.
Ahí hay un párrafo que acaso complementa esa decisión de "devorar" la vida, y que se produce enseguida que sale a la calle, liberado: "Mi cuerpo se relajó. Me acordé de que éramos libres. Una especie de violenta felicidad me invadió, un estremecimiento de toda el alma. Me acordé de que tenía proyectos para ese día que comenzaba".
Tenía proyectos para ese día, tuvo proyectos siempre. Ahora, cuando le vemos en París y él acaba de perder a su mujer, Colette, Jorge Semprún, que sufre ligeros achaques de salud, sigue teniendo proyectos: escribe más memorias, una novela en preparación y alterna unos ensayos políticos con ciertas reflexiones personales. Da un manotazo sobre la mesa, como descartando la posibilidad, cuando se le dice que a él, que ha sido premiado en París, en Francfort y en Jerusalén, alguna vez tendrían que premiarle en este país, en el que sirvió como soldado de frentes políticos y civiles; habla en voz baja de los que devinieron enemigos suyos (Carrillo: ésta es una voz de su diccionario tachado); come con apetito en un viejo bistrot del que tiene una memoria nítida, y eso que estuvo en él hace treinta años.
Le encontramos en su casa, a mediodía, un día de huelga casi general en París; vestía con uno de esos suéteres grises de cuello alto que son habituales en su indumentaria. Surgió desde el piso de abajo, y ocupó una mesa redonda, grande, en su dúplex, junto a la cocina. Acostumbrado ahora a ser la mitad restante de la casa, sigue conservando, a pesar de los años y de la biografía, a pesar de cierta melancolía que inevitablemente hace caer sus párpados hacia el suelo, la vitalidad, animado a seguir, "aunque la procesión vaya por dentro". Educado (primero en alemán, después en francés) para ser un europeo pudoroso y discreto acerca de lo que hay dentro de su corazón, ha escrito algunas de las páginas autobiográficas más abiertas de su generación civil y política. Como André Malraux "un referente que a veces parece incluso el modelo de su hoja de ruta, como militante y como escritor", ha estado toda su vida buscando "la región crucial del Alma donde el Mal absoluto se opone a la fraternidad".
Pero eso no lo ha hecho como un teórico, sino exactamente como un militante. ¿Militante hoy? "Sí, de la memoria". Aún sueña con algunos hechos de su vida, y el más recurrente le sitúa, junto a Claudín, venciendo en su lucha contra Carrillo, en el PCE. Luego se despierta, y sigue viviendo, devorando, como puede, la vida. En su casa, rodeado de cuadros (algunos de ellos, de su gran amigo Eduardo Arroyo) y libros, sobre todo de arte, Semprún se pregunta: "¿Y de qué quieres hablar? Si ya lo he dicho todo". De la infancia; queríamos hablar de la infancia, sobre todo, ochenta años después.
Volvamos a La escritura o la vida. Ahí hay una frase que usted le dice a un compañero de la Resistencia, cuando van a apresar a un alemán. Y el alemán se pone a cantar.
Sí, canta La paloma en alemán. Y yo me quedo paralizado.
Y su compañero se asusta. Sí, me pregunta: ¿qué te está pasando?, o algo así.
Y usted le dice: "Me está pasando 'La paloma'. Eso es todo. La infancia española que me golpea en pleno rostro" . Sí, eso ocurrió entre 1943 y 1944. Y estábamos en una emboscada