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divendres, 19 de juliol del 2013

La limitación o prohibición del burka. UN MOMENTO ADECUADO PARA EL DEBATE. El Periódico

Saïd El Kadaoui, psicólogo y escritor
Cubrir el rostro y el cuerpo de la mujer sin que nada quede al descubierto –excepto los ojos en el caso del nikab y ni tan siquiera eso en el caso del burka– es una aberración que, según algunos intelectuales musulmanes nada tiene que ver con el Islam y, a criterio de otros, es una imposición del wahabismo. Abdel Wahab Medeb afirma que esta corriente del Islam es la interpretación más pobre que jamás haya conocido la historia teológica y doctrinal de esta religión.
 Por otra parte, es importante señalar que la discusión en torno al burka no es un debate entre el Islam y Occidente. Es un debate –junto con otros: cubrirse la cabeza con el pañuelo en algunos trabajos, la compatibilidad entre el trabajo y guardar el ayuno durante todo el mes del ramadán, el papel de la religión en la vida pública…– que está en las calles de la mayoría de los países musulmanes. Para aquellos que lean en francés, recomiendo encarecidamente leer de vez en cuando la revista marroquí Tel quel (telquel-online.com). 
Foto: El Periódico
 Rafael Jorba, en un reciente artículo publicado en La Vanguardia (Burka, buenismo y estigmatización, 8/06/13), citaba algunas de las conclusiones del informe elaborado por el Consejo de Estado de Francia (25/03/10) encargado por el entonces primer ministro, François Fillon. Me interesa destacar una de ellas: una ley, dice, que prohibiese cubrir el rostro solo podría basarse en razones de orden público y de identificación de personas, y debería tener en cuenta algunas excepciones de salud pública (máscaras), de seguridad (cascos de moto, pasamontañas), manifestaciones culturales (carnaval) y respeto de los lugares de culto y las tradiciones.
 La propuesta del conseller Espadaler de llevar al Parlament una moción de regulación de la ocultación del rostro en los espacios públicos para debatir de forma «cuidadosa, sutil y clara» y buscar el máximo de consenso, no me parece mal. Al contrario. Creo que el Parlament es el lugar adecuado para instar al Govern a que legisle en ese sentido. También me parece que el momento no es malo. Es mejor debatirlo de forma serena ahora que esperar a que se convierta en un arma electoralista. 

 Creo que es importante no cerrar la puerta al debate, no atrincherarse en posiciones dogmáticas y, sobre todo, no darle fuerza a una interpretación pobre (fanática) del Islam y que tanto denigra a la mujer. Si a través de una ley que se basa en razones de orden público y de identificación podemos pararle los pies a los fanáticos, adelante. Aquí, en Catalunya, en Europa y también allí en los países musulmanes, habrá mucha gente que aplaudirá nuestra determinación e inteligencia. 

diumenge, 31 de març del 2013

RUSHDIE, LA IDENTIDAD Y LA LIBERTAD, publico este artículo en El Periódico

EL DEBATE SOBRE EL ISLAM
Saïd El Kadaoui
El Periódico, 31 de marzo de 2013
           


El libro Joseph Anton , de Salman Rushdie, estáescrito por alguien que ha reflexionado mucho sobre la identidad de los europeos venidos de otros lugares, sobre el islam, la libertad y el fanatismo (sufrido en propia carne tras la fatua del ayatolá Jomeini ). Y está lleno de ideas.
     --Cualquier emigrante, por muy afortunada que haya sido su migración, no se libra, según Rushdie , de un problema central: el de la autenticidad. La identidad del emigrado, dice, inevitablemente se convierte en algo heterogéneo. La identidad se compone tanto de los orígenes como del viaje. // Esta es una idea central si no queremos enjaular a las personas en la pertenencia a un origen lejano. La identidad de las personas se va nutriendo de la experiencia vital. Dejemos, pues, de señalar a la gente como inmigrante sempiterna. Y a su vez, los directamente afectados por esta experiencia de migración deben de entender que lo más sensato es ensanchar la identidad y no reducirla, amputarla o encerrarse en un origen que, con frecuencia, parece más mitológico que real.

    --El relativismo cultural es la muerte del pensamiento crítico, es dar apoyo al derecho de los sacerdotes tiránicos a tiranizar, de los padres despóticos a mutilar a sus hijos, de los fanáticos a odiar a los homosexuales y los judíos, porque hacerlo forma parte de su cultura . El fanatismo, los prejuicios y la violencia o la amenaza de violencia no son valores humanos. // Zafémonos, pues, tanto de los puritanos de un bando, que tratan de imponer su ideología adueñándose de toda la cultura y la religión de tantísima gente, como de los orientalistas del otro que, igual que antaño hacían algunos ingleses con el sur de Europa y lo que llamaban latinidad, sostienen que los musulmanes están genéticamente incapacitados para la democracia. «La necesidad de libertad –dice Rushdie– , como la inevitabilidad de la muerte, es universal. Puede que no sea preexistente, siendo como es consecuencia de nuestra humanidad esencial, pero no es negociable». 
  --Si se quiere derrotar al terrorismo, el mundo islámico debe subirse al tren de los principios seculares en los que se basa el mundo moderno. Los jóvenes de Túnez, Egipto, Libia, Siria y todas partes intentan transformar sus sociedades con arreglo precisamente a esos principios. Desean empleo y libertad, no religión. // Yo diría que lo que estamos viendo hoy en esos países confirma en parte la afirmación de  Rushdie . En todo caso, lo que demuestra, entre otrascosas, es que el conflicto, la tensión entre Estado laico y moderno y teocracia existe. Y no se trata de que unos estén occidentalizados y los otros, auténticos, no. No incurramos en el error. Se trata de que el mundo árabo-musulmán (y amazig) no es una entidad homogénea, como no lo es ninguna sociedad.
 Termino con otra constatación del autor: en estos tiempos se arrastra a los hombres y las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos, y cuanto más estrecha es la identidad mayor es la probabilidad de conflicto. Joseph Anton, desde luego, es una contribución encomiable al ensanchamiento de las identidades y, por consiguiente, de la libertad.
 Psicólogo y escritor 




 AQUÍ TENEIS EL ARTÍCULO AMPLIADO:
 Saïd El Kadaoui Moussaoui. Psicólogo y escritor.
En este artículo me propongo hablarles de un libro, Joseph Anton, de Salman Rushdie mordiéndome la lengua, conteniendo mis dedos más bien, para no sucumbir a la tentación de hacer una crítica literaria, que, sin duda, sería muy elogiosa.
Lo que me propongo hacer aquí es señalar que este libro está escrito por alguien que ha reflexionado mucho sobre la identidad de los europeos venidos de otros lugares, sobre el Islam, la libertad y el fanatismo (sufrido en propia carne tras la fetua del Ayatollah Homeini).
Algunas de las muchas ideas que he subrayado en el libro y que me parecen muy relevantes, ilustrativas y que enmarcan muy bien el núcleo de la cuestión del que aquí pretendo hablar, son las siguientes:
*Al sumergirse en la vida inglesa, dice Rushdie, le dejaron claro lo que él denomina pecado de extranjería. Hasta ese momento, añade, nunca se había sentido un Otro respecto a nadie. Y la lección que extrajo de ello es tan contundente como pragmática. Había gente a la que nunca le caería bien, gente para la cual él era tan de otro mundo como los hombrecillos verdes de las películas. ¡Y no tenía sentido intentar hacerles cambiar de idea!
¡Chapeau! Bien pensado esto es así no solamente para los inmigrantes. Siempre habrá gente que no entenderá nuestra forma de ser, de pensar, gente para la cual siempre seremos unos extraños. Mirar hacia otra parte, a veces, ayuda a no empantanarse en el victimismo. Hay gente que sí nos entiende. Punto.
*Cualquier emigrante, por muy afortunada que haya sido su migración, no se libra, según él, de un problema central: el de la autenticidad. La identidad del emigrado, dice, inevitablemente se convierte en algo heterogéneo. La identidad se compone tanto de los orígenes como del viaje.
Esta es una idea central si no queremos enjaular a las personas en la pertenencia a un origen lejano. La identidad de las personas se va nutriendo de la experiencia vital. Dejemos pues de señalar a la gente como inmigrante sempiterna. Y a su vez, los directamente afectados por esta experiencia de migración, deben de entender que lo más sensato es ensanchar la identidad y no reducirla, amputarla o encerrarse en este origen que, con frecuencia, parece más mitológico que real.
*El relativismo cultural es la muerte del pensamiento crítico, es dar apoyo al derecho de los sacerdotes tiránicos a tiranizar, de los padres despóticos a mutilar a sus hijos, de los fanáticos a odiar a los homosexuales y los judíos, porque hacerlo forma parte de su “cultura”. El fanatismo, los prejuicios y la violencia o la amenaza de violencia no son “valores humanos”.
Zafémonos pues tanto de los puritanos de un bando, que tratan de imponer su ideología, adueñándose de toda la cultura y la religión de tantísima gente, como de los orientalistas del otro que, igual que antaño hacían algunos ingleses con el sud de Europa y con lo que ellos denominaban la latinidad, sostienen que los musulmanes están genéticamente
incapacitados para la democracia. “La necesidad de libertad, dice Rushdie, como la inevitabilidad de la muerte, es universal. Puede que no sea preexistente, siendo como es consecuencia de nuestra humanidad esencial, pero no es negociable”.
Vierte una crítica, a mi parecer, justa contra la posición dubitativa, iatrogénica, si utilizamos el argot médico, pasiva y naíf de una parte de la izquierda política inglesa – extensible a mi juicio a la izquierda europea- que se resumiría muy bien en una esta afirmación suya: “el mayor peligro de la creciente amenaza era que los buenos hombres cometían el suicidio intelectual y lo llamaban paz. Los buenos hombres se rendían al miedo y lo llamaban respeto”. Nada de agachar la cabeza pues delante de los fanáticos. Otra cosa es a mi juicio lo que hace una parte de la derecha, la más recalcitrante, que, utilizando el argot freudiano, por una cuestión de narcisismo de las pequeñas diferencias, ve el fanatismo del Otro (en este caso el musulmán) mientras niega el propio o lo minimiza.
*Si se quiere derrotar al terrorismo el mundo islámico debe subirse al tren de los principios seculares en los que se basa el mundo moderno. Los jóvenes del mundo árabe, en Túnez, Egipto, Libia, siria, y en todas partes, intentan transformar sus sociedades con arreglo precisamente a esos principios. Desean empleo y libertad, no religión.
Yo diría que lo que estamos viendo hoy en Túnez, Egipto, Libia y Siria, por citar los ejemplos más candentes, confirma en parte la afirmación de Salman Rushdie. En todo caso lo que demuestra, entre otras cosas, es que el conflicto, la tensión entre estado laico y moderno y teocracia existe. Y no se trata de que unos sean occidentalizados y los otros auténticos, no. No incurramos en el error. Se trata de que el mundo árabo-muslulmán (y amazig) no es una entidad homogénea como no lo es ninguna sociedad.
Termino el artículo con una otra constatación del autor: en estos tiempos se arrastra a los hombres y las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos y cuanto más estrechas la identidades, mayor la probabilidad de conflicto.
Su libro, desde luego, es una contribución encomiable a favor del ensanchamiento de las identidades y, por consiguiente, de la libertad.

diumenge, 23 de setembre del 2012

¿Por qué el islam parece reñido con el humor?, artículo de hoy en El Periódico

El Periódico publica hoy la opinión de cuatro expertos analizando las manifestaciones antioccidentales en gran parte de los países musulmanes por el vídeo "La inocencia de los musulmanes" Recogen la mía junto a las de Marc Marginedas, Rafael Vilasanjuan y Carlos Elordi.

 ¿Por qué el islam parece reñido con el humor?
Said El Kadaoui
En el año 2009, la editorial Pagès Editors tradujo uno de los libros del teólogo musulmán Mohamed Talbi , Reflexions d’un musulmà contemporani. Este historiador del mundo islámico y exégeta del Corán afirma, entre otras cosas, que el futuro del islam reside en su capacidad de asimilar la modernidad. Y aboga por perder el miedo y poder encontrar en los valores occidentales correspondencias con los del mundo musulmán. Defiende también que los musulmanes deben participar en la construcción de la modernidad porque oponerse a ella ha resultado ser un fracaso. Y para eso, sentencia, hace falta una libertad total, una libertad de pensamiento sin tabús. Y, lo más importante: esta actitud no se contradice, en su opinión, con lo que dice el Corán: «No debe haber ninguna coacción en la religión» (sura 2, versículo 256). 
El islam, por supuesto, no es solo el de Talbi , pero conviene recordar de vez en cuando que, según muchos estudiosos del Corán, también es eso. La cosa es muy compleja y podríamos finalizar esta primera parte de este breve artículo recordando que el intelectual y actual presidente de Túnez, Moncef Marzouki, tiene un libro traducido al castellano por Asimétrica Editorial, El mal árabe, donde habla de siete tipos de islamismo: desde el de Erdogan hasta el de Bin Laden (esquematizando mucho).

 EL ODIO COMO COHESIONADOR / Resumiendo: el islam es una religión que, como mínimo, se presta a interpretaciones muy diferentes y contradictorias entre sí. La piel fina la tienen los literalistas, los fanáticos. Y resulta ocioso decir que a estos el humor y la crítica no les gustan. Como también que no desaprovecharán ninguna ocasión paraatraer a más fieles a sus filas. Una de las reglas psicológicas básicas es la siguiente: cuando se tiene un enemigo claro al que odiar, la cohesión del grupo aumenta y la autocrítica desaparece.
 Y, finalmente, y ya mirando a nuestra orilla, hay que recordar lo que decía Edward Said sobre la cobertura informativa que se hace del islam. Sistemáticamente se desdibuja lo que nosotros hacemos y se destaca, en cambio, lo que los musulmanes son por su defectuosa naturaleza. ¡ Nosotros solo defendemos la libertad de expresión! (
y yo me lo creo).

 PSICÓLOGO Y ESCRITOR

(Pincha aquí para leer los otros artículos)

 ¿Qué dice el islam sobre la representación de Mahoma?
Marc Marginedas
La furibunda reacción en parte del mundo islámico tras la difusión de un tráiler ofensivo con Mahoma y también tras la publicación de una corrosiva portada en una revista satírica ha vuelto a generar interrogantes en Occidente sobre la tolerancia de la religión de los musulmanes. Un viejo tema que recupera actualidad. EL PERIÓDICO ha planteado cuatro de estas preguntas a cuatro analistas de política internacional y conocedores del mundo árabe.En el año 630 de nuestra era, el profeta Mahoma, al frente de un ejército de 10.000 hombres, entró victorioso en La Meca, su ciudad natal, tras haber pasado ocho años refugiado en Medina, localidad a 340 kilómetros al norte, que lo acogió, protegió de las amenazas a su vida y ungió como líder religioso y político. Y lo primero que hizo el mensajero de Dios cuando puso el pie en la capital caravanera de Arabia, de la que huyó precipitadamente en el año 622 por difundir una nueva fe religiosa basada en la existencia de un solo Dios, que entraba en colisión con el politeísmo oficial practicado por la élite local, fue destruir todas las estatuas de dioses paganos situadas en el interior y alrededor de la Kaaba, hoy el santuario más venerado por los musulmanes. Al actuar de esta forma, el profeta del islam no solo reafirmaba que únicamente existía un Dios al que adorar, sino que ningún artista podía competir con la divinidad en la creación de seres reales.
 Por lo general el arte islámico evita representaruras humanas, pese a que la religión no lo prohíbe expresamente, precisa el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun . Sí esta vetada «la representación de la idea de Dios» y de su «último mensajero», el profeta Mahoma. La explicación es simple: «Representarlo sería reducirlo a una imagen forzosamente incompleta, torpe e incluso errónea».

 CONTRA LOS ÍDOLOS / Existen representaciones dibujadas del profeta, aunque han sido raras y mucho más comunes en el chiísmo que en el sunismo, que lo rechaza frontalmente. En ocasiones, se le ha representado sin rostro, con la cara velada o con forma de lengua de fuego, intentando certificar así que la caligrafía humana jamás podría hacer justicia al mensajero de Dios, y siempre y cuando no pudiera ser confundido con una imagen a la que idolatrar.
 No existe en el Corán ninguna prohibición formal de dibujar a Mahoma, aunque sí en varios hadith , dichos o acciones atribuidos al fundador del islam, que clarifican las sagradas escrituras y constituyen fuente de jurispridencia. Pero, tal y como responde la página www.webislam.com a la pregunta de un internauta, «la asociación de imágenes con Dios y los profetas es, al fin y al cabo, una forma de crear ídolos». Y la gran novedad que aportó el islam fue «la destrucción de los ídolos que prevalecía en el seno del politeísmo».






dimarts, 21 d’agost del 2012

Publico este artículo en El Periódico, LOS OTROS MARROQUÍS

La sociedad de Marruecos es heterogénea, y más aún sus ciudadanos que viven en Europa

  Said El Kadaoui, Psicólogo y escritor 

 21/08/2012


Marruecos es un país diverso, heterogéneo, identitariamente complejo, con varios idiomas que coexisten e, incluso, a nivel religioso más heterodoxo de lo que se pretende oficialmente. Sin embargo, lo que es innegable es que hay un Marruecos oficial que trata de imponer una sola manera de ser marroquí, la nacionalista conservadora.
La revista TelQuel ha dado voz desde su aparición en el 2001 a aquel sector de la población que quiere un país laico donde se respeten los derechos humanos, donde impere la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, donde se respete la condición sexual de todos y donde se pueda, en definitiva, opinar libremente sobre todos los temas. Está siendo una muy buena plataforma para poner muchos debates sobre la mesa. He leído excelentes reportajes sobre lo que piensan los marroquís sobre la sexualidad, la sobrevaloración de la virginidad, el rol que debe tener la religión en el país, etcétera. El último que me ha llamado especialmente la atención recogía el testimonio de 13 personas a cara descubierta sobre temas que aún son espinosos en Marruecos. "No me escondo para beber". "Reivindico mi libertad sexual". "No escondo mi homosexualidad". "No cumplo el Ramadán". "Soy ateo". "No quiero esconder mi cuerpo". "Estoy en contra del velo". "Tengo el derecho de abortar si así lo quiero". "He tenido un hijo sin estar casada". "No estoy en contra del Estado de Israel". Estos son algunos de los titulares que se destacan de todo lo que comentan estas 13 personas.
Este marruecos que anhela más libertad, que cuestiona las ortodoxias, que lucha por sus derechos y que se abre al mundo es el que me hace vibrar. Este es un Marruecos tan real como los demás. El conservador, el extremadamente conservador, el pobre y modesto... La oficialidad tapa la complejidad, la quiere anular. Pero no lo consigue. Lo que sí hace es generar sufrimiento en todos aquellos que, como los testigos que cita el reportaje, anhelan vivir sin tener que esconderse. Aquellos que quieren vivir sin hipocresías y falsas apariencias.

La ciudadanía marroquí es heterogénea. Y esta variedad es mayor aún cuando hablamos de los marroquís que viven en Europa, así como de sus hijos. Entre otras cosas, porque ya no son solamente marroquís, especialmente los hijos. Pero el riesgo de que haya una oficialidad (que suele ser siempre religiosa) que intente anular toda esta complejidad y quiera otorgar el carnet de buen marroquí, el riesgo de un repliegue comunitario y de la reducción de toda esta riqueza de pertenencias e ideales es evidente y, de hecho, ya es una realidad que está generando algunos problemas individuales (incluidos los psicológicos) y sociales (encierro en la propia comunidad).
Siempre que puedo me gusta hacer referencia a este Marruecos dinámico y luchador porque sé que puede ser muy útil para algunos jóvenes de aquí y originarios de allí, de Marruecos o, en general, de los países magrebís. Tener ideas e ideales propios no puede ser considerado una traición a la propia cultura. Al contrario, es el estancamiento en unas tradiciones que ya no se corresponden con nuestros tiempos, la ocultación de las voces discrepantes y el encierro en una comunidad empobrecida lo que hace más problemática la vida.
Ahora que acabamos de dejar atrás el mes del Ramadán no está de más recordar lo que dice uno de los testigos del citado reportaje de la revista TelQuel. Ibtissam Betty Lachgar, una mujer de 36 años, aparte de declarar que no practica el ayuno, denuncia el artículo 222 del Código Penal marroquí porque todavía hoy condena a entre uno y seis meses de prisión a toda persona conocida por su pertenencia al islam que incumpla ostentosamente el ayuno en público. Aquí, por supuesto, no hay ninguna ley que condene a un musulmán por no realizar el ayuno, pero sí se dan casos de presiones de grupo y de rechazo de aquellos marroquís que libremente deciden no hacer el Ramadán o que no se sienten concernidos por la religión. Este es un síntoma preocupante de un encierro comunitario que pretende amputar la realidad y convertir la identidad de la gente en un estereotipo.

Nunca está de más recordar que no existe la comunidad marroquí como un ente homogéneo. Lo que sí existen son los marroquís, los catalanomarroquís, los marroquíaragoneses (y tantas variedades como personas; me gusta recordar lo que el profesor Manuel Cruz dice de la identidad de las personas: estamos formados de diferentes piezas y tenemos cierta libertad para disponerlas como nos guste).
Y nunca está de más tampoco recordar que somos muchos los que no queremos vivir aquí las incomodidades que supone tener que esconderse para existir. Somos muchos los que no queremos una oficialidad que dictamine quién es y quién no es buen marroquí. Ni aquí, ni allí.
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divendres, 13 d’abril del 2012

MEZCLÉMONOS, artículo de hoy en El Periódico

La mejora de la convivencia

¡Mezclémonos!

El contacto con los inmigrantes musulmanes nos mostrará más similitudes que diferencias con ellos

Viernes, 13 de abril del 2012  


 

SAID EL KADAOUIEl mundo musulmán ya hace mucho tiempo que está haciendo su particular travesía del desierto. Hace algo más de un año, en Túnez comenzó un cambio que, a mis ojos, ya no tiene freno. La primavera árabe ha hecho emerger a la superficie lo que se cocía en el interior. Una parte de la población musulmana es muy conservadora, otra es conservadora –no puede ser de otra manera en unos países con unos índices de analfabetismo estratosféricos y unos gobiernos que han alimentado la ignorancia y el miedo de los pueblos– y una pequeña parte –pero nada despreciable y cada vez mayor porque son sociedades jóvenes, inquietas y conectadas al mundo– quiere que la religión no sea determinante en sus vidas, un espacio común laico y, sobre todo, la instauración de la democracia en sus países.
 EL PODER, en la mayoría de estos países, ha instrumentalizado la religión, el islam. No parece nada consciente de que la avaricia es uno de los pecados que más condena su religión y se dedica a acumular riqueza para sí y a sojuzgar al resto de la población. Los mismos países que controlan nuestras vidas a través del petróleo y nos quieren hacer creer que son amigos son los principales exportadores de un islam tamizado por el odio y la destrucción. Este islam duro, combativo, fanático, es el camino que algunos jóvenes eligen para dar salida a su odio, su rabia y sus celos. No soportan ser miembros de una comunidad de perdedores. Esta es la cuestión. Es muy difícil sentirse orgulloso de ser musulmán en nuestro tiempo. Ser musulmán significa ser habitante de unos países que no destacan por su cultura y su amor a la ciencia sino por su miseria y por sus gobiernos corruptos, que ponen todos los impedimentos para que la gente pueda tener una vida digna.
 Afortunadamente, allí donde hay gente, hay lucha. Los que conocemos de forma directa algunos de estos países (en mi caso, Marruecos) ya sabíamos que en el fuero interno de estas sociedades hay ansia de cambio. Estos días, el Rif, la zona de Marruecos de donde provengo, ha dejado de ver en la emigración la solución a su falta de oportunidades y de esperanza y, por fin, está reclamando a las autoridades que dejen de pisarla, que ya no soporta más la corrupción endémica ni que su idioma, el amazic, seadespreciado y que quiere un futuro. La gente del Rif ahora ya sabe que buena parte de los emigrantes que marcharon a Europa, por mucho que en verano se presenten con sus mejores galas y coches, viven en guetos y que sus hijos tienen menos oportunidades de progresar que en Marruecos.
 En Europa tenemos un problema con el islam. No queremos aceptar que es la religión y/o una de las culturas de muchos europeos. Ya decía Edward Said en 1981 que es completamente denigrante cómo se ha ido equiparando sistemáticamente el islam al fanatismo y el terrorismo. Se ha contribuido de forma activa a que muchos musulmanes no se sientan cómodos en Europa. La exclusión no explica por sí sola que un joven decida convertirse en un terrorista, pero sí que contribuye a que algunos jóvenes vean en el salafismo (y derivados) una ideología fuerte que puede darles una identidad fuerte.
 ¿Qué hacer? Mi opinión es que el mundo musulmán debe enfrentarse a sus propios monstruos y dejar de señalar a Occidente como la causa del todos sus males. Túnez, Egipto, Yemen, Libia, Siria, Marruecos... han iniciado un camino muy esperanzador (lamentablemente, hay muchas víctimas). En Europa (y en el resto del mundo) nos hace falta una visión más compleja de la identidad de las personas. Ni la identidad ni las culturas son estáticas. Tienen una lógica histórica, admiten los cambios y las contradicciones.

 EN EL CASO de los inmigrantes musulmanes y de sus hijos y nietos es importante tener en cuenta que, como dice la teoría psicológica self dialogic de Hermans, la construcción identitaria está influenciada por relaciones frecuentemente asimétricas entre el país de acogida y el de origen, así como las experiencias de racismo, de discriminación y de othering (ver en el otro la diferencia que lo aleja de nosotros, incluso llegando a exagerarla). Hay que intentar hacer menos perniciosa esta asimetría (dando una visión más compleja de la realidad de los países de origen), luchar contra el racismo, la discriminación y la xenofobia, dejar de estigmatizar al islam y los musulmanes y favorecer el contacto entre las personas para darnos cuenta de que tenemos más similitudes que diferencias.
 En Catalunya me gustaría que personajes como el imán de Terrassa u otro imán que denigre a las mujeres, a los cristianos o a los homosexuales no sean considerados los interlocutores de una comunidad más heterodoxa de lo que se piensa, que nadie se atribuya la representación de esta comunidad, que no todos los musulmanes somos creyentes y devotos y que pasáramos del discurso de que los musulmanes no se mezclan –como dijo Jordi Pujol a Jordi Évole en el avance de la entrevista a La Sexta que publicó el Cuaderno del Domingo – a ver la otra parte de la realidad: la mezcla está aquí. Y lo dice alguien que sabe de lo que habla.

  Psicólogo y escritor
   Link artículo en El Periódico

dilluns, 2 d’abril del 2012

IDENTIDAD DE CLAN FRENTE A CIUDADANÍA

La exclusión social de la población foránea llegada a los barrios alimenta su encierro en sí misma

Martes, 17 de enero del 2012El asesinato de Ibrahima Dyey, un senegalés de 31 años originario de Saint Louis, en el barrio del Besòs a manos de un hombre de etnia gitana me cogió leyendo un libro que recomiendo vivamente: Paseos con mi madre, del escritor Javier Pérez Andújar. Una preciosa reflexión sobre el paso del tiempo y la identidad marcada por la periferia. Y un gran homenaje a Sant Adrià de Besòs.
Identidad de clan frente a ciudadanía_MEDIA_2
FRANCINA CORTÉS

Edición Impresa

Versión en .PDF

Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 17 de enero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Al día siguiente leí en los diarios las declaraciones del alcalde de Barcelona, Xavier Trias, que desvinculaba el crimen de la violencia racista, pero señalaba que se había producido en un lugar conflictivo (el barrio del Besòs), Y las del conseller de Interior, Felip Puig, que a pesar de insistir en que se trataba de un hecho aislado quiso añadir que se trataba de un grave error negar que la diversidad genera conflictos, lo que, a su juicio, se ha hecho a través de una visión que calificó de «buenista». Luego seguí leyendo el libro de Pérez Andújar y me encontré con una afirmación ocurrente que subrayé: «Para ser multicultural basta con ser pobre, porque cada pobre lo es a su manera». Y unas páginas más adelante, en un tono que siempre combina la aflicción, la ironía y la reivindicación, nos permite hacer de flaneurs con él (de hecho, lo maravilloso del libro es que el lector pasea por la vida del autor; mejor, del personaje) y nos habla de la gente que ve. Y en un momento dado se detiene en los pensionistas. «La democracia -dice­- la fueron conquistando estos hombres y mujeres calle por calle, árbol por árbol. Conseguir un colegio público en un barrio que no lo tenía, la construcción de un ambulatorio donde no llegaban los médicos; dejar una plaza sin edificar para que los niños jueguen. (...) Quienes llegan detrás creen que eso lo pone la naturaleza, como las hierbas y los saltamontes. Pero lo pone la política, y las cosas hay que conquistarlas permanentemente. Lo primero que ha quitado el Gobierno de Convergència al recobrar el poder ha sido eso: bocas de metro, guarderías, maestros y hospitales públicos».
Este artículo no hablará de la responsabilidad individual que, naturalmente, se encuentra en todo acto perpetrado por una persona. De lo que me interesa hablar es de la democracia de la que habla Pérez Andújar y de cómo la exclusión puede generar conflictos graves.
Al conseller Puig no se le escapará el hecho de que en Can Barça la diversidad puede que genere algún conflicto, pero nada que ver con las alegrías que depara. Y que la diversidad de la zona alta de Barcelona, que existe, no genera hechos noticiables. Es decir, que, si entiendo bien al conseller, y copiando a Pérez Andújar, para ser diverso solamente hace falta ser pobre. Estamos hablando, pues, no de diversidad sino de pobreza, marginación y exclusión. Si es así, estoy de acuerdo con el conseller.
Y si hablamos de esto, es necesario que en estos barrios se fomente la ciudadanía activa, la de la democracia real de Pérez Andújar. Que tanto los que ya estaban hace mucho tiempo (como mucha de la población gitana que allí vive) como los más nuevos (como es el caso de los senegaleses, chinos, marroquís, etcétera) luchen por conseguir mejorar su entorno.
La cruda realidad es que no será el poder (que, como un péndulo, se va moviendo entre la beneficencia y el olvido más absoluto) el que arregle nada. Deberá ser la propia gente de los barrios. Los pensionistas tendrán que dar el relevo a una gente joven multicolor que se volverá a encontrar con las mismas dificultades -o si me permiten decir todo lo que pienso, con muchas más- que ellos.
Algunos expertos hablan de una negativización de la propia identidad de las minorías cuando no se permite su inclusión social. Un hecho que, entre otros muchos factores, se debe a la identificación con la imagen denigrada que tiene de ellas la sociedad y que da lugar al reforzamiento de la identidad étnica. Y cuando en estas mismas condiciones de exclusión vive gente de diferentes procedencias, lo que puede pasar es un cierre aún mayor y el reforzamiento de la identidad de clan (similar a la identidad prisión de la que hablaban algunos autores franceses, concepto que, por cierto, acuñaron para describir la realidad de una parte de los inmigrantes españoles, entre otros). Justamente lo que hay que intentar evitar.
Los jóvenes que allí viven tienen dos grandes caminos a seguir: el de la lucha por la democracia o el del encierro en un solo grupo de pertenencia. Es decir, el de la ciudadanía o la identidad de clan.
Y ya que no vivimos, como hace unos años, una época de vacas gordas y somos conscientes de que estamos en épocas de cerrar servicios y de derogar leyes que comprometían inversiones en los barrios, sí podemos exigir algo más de complejidad en el discurso. Especialmente, en el de los políticos. La diversidad genera conflictos, sí, como casi todas las cosas importantes en la vida; los barrios conflictivos existen y los delitos son responsabilidad de la persona que los comete, efectivamente. Tan verdad es eso, sin embargo, como que necesitamos (el poder necesita) construir la figura del otro en la que verter nuestra propia miseria. Y, casualmente, este otro suele vivir en barrios periféricos como el Besòs.

Psicólogo y escritor
 link El Periódico