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diumenge, 7 d’abril del 2013

LA POLÍTICA DE LA NEGACIÓN, de Jesús Ferrero en El País

Jesús Ferrero, 6 de abril de 2013

El poder no reprime el sexo y el placer, sino que es el gran incitador y frente a él los asexuales y los anoréxicos representan un movimiento místico que retrotrae a la remota edad de los anacoretas

 

Todavía a finales de los años setenta del siglo pasado los maestros de la escuela de París permanecían cerrilmente empeñados en enjuiciar el poder como una fuente de represión del sexo y el placer y no como una fuente de incitación al sexo y a todos los placeres, perversos o no. Yo abandoné la escuela de París por eso: no estaba de acuerdo en esa visión del poder. Como estudiante de historia y antropología, tenía claro que habían existido formas de poder que en lugar de reprimir los placeres, sexuales o no, incitaban a ellos, y me parecía que en el Occidente moderno estaba ocurriendo lo mismo. Cuando Foucault cambió de enfoque y empezó a aceptar que el poder lejos de prohibir el desahogo pulsional lo estimulaba, para mí ya era demasiado tarde y me había olvidado de la universidad y de sus claustros, que por no protegerte ni siquiera te protegían del asesinato, como había demostrado el desdichado Althusser y su aún más desdichada víctima: su mujer.
Bien es cierto que todavía muchos ingenuos siguen viendo el poder como el eterno represor del sexo y los demás placeres, quizá porque no piensan en el poder romano.
Para ver hasta qué punto el poder en Roma incitó a toda clase de placeres, mórbidos o no, basta con recordar las fiestas de inauguración del Coliseo, con miles y miles de animales sacrificados, cientos de ejecuciones, cientos de representaciones más o menos mitológicas con escenas de bestialismo y zoofilia… Fue la gran bacanal del sexo, la muerte y la sangre, en la que pudieron solazarse los trescientos mil parados que en aquel momento tenía Roma.
Desde los años setenta (en realidad ya antes, si bien no de forma tan insistente) el poder en Occidente ha asumido el papel que tenía en Roma: el de gran incitador, y en modo alguno el de gran represor. Uno de los asuntos más insoportables de la posmodernidad es que todavía existen predicadores que pretenden liberarnos de problemas de los que quizá siempre hemos estados liberados. A este respecto recuerdo lo que me decía mi madre, una mujer de posguerra que se casó embarazada. “¿De modo que piensas que ahora folláis más que antes?”, me preguntaba, y añadía: “¡Que ingenuidad! La humanidad siempre se las ha arreglado para cumplir con su deber fundamental”. Mi madre cree que siempre se ha follado más o menos igual, es una certeza que nunca la ha abandonado, y esa sabiduría tan desmitificadora ha sido muy importante en mi vida, y todos mis acercamientos a la historia y a la antropología han estado presididos por esa verdad heredada de la mujer que me trajo al mundo, y que me ha librado de muchos espejismos acerca de la sexualidad.
 Vivimos sumergidos en un universo lleno de mensajes incitadores sobre el comer y el follar

El poder como incitador y no como represor desarma a los que aún se llenan la boca con conceptos como represión, liberación, derrocamiento de tabúes y necedades por el estilo. Todavía no hace mucho anunciaban en un telediario una obra de teatro en la que, según decía la presentadora, “se ensalzaba un sexo sin tabúes”. Se refería al sexo anal. Vaya memez, ¡como si ahora estuviera prohibida la sodomía y fuese necesario educar a ese respecto al personal!
Vivimos sumergidos en un universo lleno de mensajes incitadores sobre el comer y el follar, el follar y el comer. ¿Cuántos programas gastronómicos hay en la televisión? ¿Y cuántos que tocan de una u otra manera el sexo, sin contar que a partir de una determinada hora todos los canales se vuelven pornográficos, incluidos algunos de inspiración católica?
Ocurre sin embargo que cuando los sistemas se empecinan en repetir siempre los mismos mensajes incitadores, generan asfixia en el cuerpo social, y empiezan a surgir rebeliones y místicas de la negatividad. Los anacoretas del siglo III después de Jesucristo huían al desierto porque rechazaban políticamente la disipación tan publicitada por el sistema romano. Era una opción mística, pero a su manera era también una opción política que consistía en abandonar la polis y todas las incitaciones del poder. San Agustín, que fue de joven amante de los espectáculos circenses y sangrientos, sabía algo de eso.
Creo que es desde ese ángulo desde donde debemos ver el movimiento de los anoréxicos, por un lado, y por otro el movimiento de los nuevos apáticos y negadores del sexo, que se está extendiendo en Japón de forma inquietante pero en modo alguno sorprendente.
En un mundo gobernado por la gula y el placer de comer y defecar, como si fuésemos un tubo más que un organismo, el anoréxico se sitúa como el místico de la privación más radical que cabe imaginar, una privación que ya fue adoptada por los anacoretas del pasado. Ellos eran también claramente negadores de la gula y sentían las mismas sensaciones que los místicos de la privación de ahora: los anoréxicos.

Más allá de que pretendan imitar a las modelos, como creen los habituados al simplismo, los anoréxicos son místicos que rechazan comer, algo tan fundamental como respirar, enfrentándose crudamente a sus padres, que les dieron la vida y los alimentaron. Pero en realidad no hacen nada que no hicieran anacoretas como san Antonio, el de las visiones, el alucinado. Y los místicos de ahora que se privan de comer ya saben también que no alimentarse es exponerse a toda suerte de alucinaciones, algunas muy pavorosas y de una intensidad muy superior a las propiciadas por las drogas.
¿Es la respuesta a tanto exceso gastronómico, a tanto gordo, a tanta grasa, a tanta publicidad, a tanta incitación sistemática? ¿Es también buscar la muerte? Seguramente sí, pero todo nuestro sistema está impregnado de muerte y desesperación.
 Una mística reciente de la privación es la de los negadores del sexo, que en Japón es ya casi una epidemia

Otra mística de la privación, más reciente, es la de los negadores del sexo. Puede que el 5% de la población mundial sea asexuada, como decía en un excelente artículo Rita Abundancia, pero es que en Japón, curiosamente el país más pornográfico y pederasta de la tierra, la asexualidad se está propagando como una epidemia, sobre todo entre los adolescentes. Ocurre además que en muchos casos el desdén por el sexo se conjuga con el desdén por la comida (en un país como Japón con una gastronomía tan cultivada), y se limitan a alimentarse de cereales con leche. Resulta muy sintomática esta tendencia, surgida en el seno de la cultura más cibernética del mundo, en la que todos los individuos viven enganchados a los hilos del sistema, como elementos de una misma máquina bien engrasada y digitalizada, y donde las rebeliones han brillado por su ausencia.
Son nuevos movimientos de anacoretas, que surgen de nuestras sociedades como surgieron en los primeros siglos del cristianismo y por razones muy parecidas. Son nuevas disciplinas de la privación en el interior de sistemas que nos incitan a no privarnos de nada. Toda una mística y toda una política tan explícitas como reales, lo queramos aceptar o no. La humanidad se las arregla para cumplir con sus deberes gastronómicos y sexuales, cierto, pero también para oponerse a ellos cuando se cansa y cuando quiere plantar cara a las órdenes sistemáticas por hartazgo, por asco, por fatiga y desidia. Viendo lo que está pasando uno entiende mejor el mensaje de Sartre: “Estamos condenados a ser libres”, y cuando nos obligan a comer y a follar por sistema, de pronto decidimos no hacerlo, en parte porque no conocemos un infierno más tétrico que la sensación de esclavitud. Los caminos de la rebelión son tan inextricables como los del Innombrable, dirían los dos hombres que esperaban a Godot.
Jamás caeré en la asexualidad y en la anorexia, ni aconsejo caer en ellas, pero entiendo por qué en nuestro tiempo surgen movimientos que nos retrotraen a la remota edad de los anacoretas.
Jesús Ferrero es escritor.

dimarts, 12 de març del 2013

DE LA INMIGRACIÓN A LA CIUDADANÍA, mi último artículo en el Diario.es

12 de marzo de 2013
 El pasado sábado se celebró la primera convención que abría el proceso de primarias que celebrará el PSC de Barcelona el año 2015 para escoger a su alcadable. A mí me invitaron a participar como ponente para aportar ideas sobre el discurso que debe favorecer la cohesión social. Cómo pasar de la inmigración a la ciudadanía, éste era el título de la mesa donde participaban también otros ponentes.
Comenté que, en mi opinión, son tres los discursos que se pueden hacer sobre la inmigración:
1. El asimilaconista. La persona que viene de otro lugar se encuentra una sociedad ya hecha, como insertada en un molde rígido, y lo que tiene que hacer es adaptarse y no pretender cambiar nada. Tiene que ser la persona la que cambie para formar parte de ella.
2. El utilitarista-expulsivo. En los momentos de bonanza, cuando se necesita mano de obra, se abren las puertas, ya sea para ir a buscar la contratación en su origen o bien haciendo la vista gorda ante la cantidad ingente de personas que cruzan la frontera. Ahora bien, en momentos de crisis como los que estamos viviendo, estas personas se ven obligadas volver a su país de origen.
Estos dos grandes discursos lo que hacen es amputarle a la realidad una parte de su complejidad. La esconden bajo una concepción nacionalista de la sociedad (los auténticos y los forasteros) o bajo posicionamientos claramente xenófobos. Por lo tanto, son discursos que nunca se ajustarán a la realidad de una sociedad cambiante ni a la subjetividad de las personas.
3. El inclusivo-integrador. Es aquel discurso que acepta que la condición de inmigrante no es un estatus permanente y que facilita su inclusión como verdaderos ciudadanos.
Algunas de las ideas (y los autores) que a mí me han ayudado a entender tanto el contenido como los límites de este último discurso son las siguientes:
Kwame Anthony Appiah afirma, y ​​yo lo comparto, que la dignidad humana y la libertad individual son innegociables. Todas aquellas ideas o ideología que no admita estos límites no tienen cabida, a mi entender, en este discurso. Por lo tanto, el relativismo cultural no cabría. Nos han de regir los valores universales.
Edward Said y su concepto de orientalismo. No nos podemos conformar con una teorización del otro llena de prejuicios eurocéntricos, construidos a lo largo del tiempo, y que no se ajusta a su realidad compleja. Esta visión reduccionista, ingenua  -en el mejor de los casos-, perversa -en el peor-, es una humillación constante a una de las culturas de muchos de los ciudadanos que ya son europeos.
Jorge Steiner hablaba de otro orientalismo que yo también encuentro interesante. Tendría que ver con la fascinación por el otro. Querer imitarlo. Despreciar, por ejemplo, la racionalidad occidental e ir a buscar la espiritualidad de la India, sin darse cuenta de que esta es una visión maniquea del mundo.
Edgar Morin y su concepción del 'pensamiento complejo'. No podemos, como dice él, reducir a la persona a una mínima parte de sí misma. Necesitamos un pensamiento que aborde la complejidad para entender la complejidad del mundo.
Y ligado a esto último, encuentro muy interesante la concepción de la identidad del Amin Maalouf. Nuestra identidad está en permanente construcción. Es como un rompecabezas hecho de muchas piezas y que, a su vez, puede ir incorporando otras nuevas. Esta idea dinámica de la identidad es muy útil especialmente para los hijos de las personas que en su momento emprendieron el proyecto migratorio. Se corresponde más con su realidad. Una de las peores cosas con las que debe luchar la persona es con la identidad prescrita por los demás. Y nuestra concepción mayoritaria de la identidad es una muy ligada al origen.
Y, finalmente, comenté que una de las mejores maneras para desarticular el discurso xenófobo es, en mi opinión, que las mismas personas originarias de otros países y que hoy día son militantes o simpatizante de un partido político, se encarguen de combatirlo denunciándolo pero mostrándose muy críticos también con algunas actitudes defensoras de su propia comunidad que, por otra parte, es tan compleja y heterodoxa como la misma sociedad. Nadie, pues, puede erigirse en su representante absoluto.
Imagen de mi intervención

dissabte, 12 de gener del 2013

RECOMIENDO EL ARTÍCULO "LA DESMEMORIA" DE JORDI SOLER

Recomiendo este articulo de Jordi Soler publicado hoy en El País. Una interesante y necesaria reflexión:

La desmemoria

Cuando los españoles se han enriquecido se han olvidado de que en muchas épocas han pertenecido y ahora vuelven a pertenecer a un país de emigración que ha aportado mucho a las sociedades de acogida.

Jordi Soler, 12 de enero de 2012 EL PAÍS, Opinión 

Hace unos cuantos años, muy pocos, el principal miedo de los españoles, dentro de una lista de opciones atroces que incluía, por ejemplo, el terrorismo y el paro, era el miedo al inmigrante.

Era el miedo sintomático de un país rico que veía a los inmigrantes como una amenaza, como una turba de gente necesitada que quería aprovecharse de su riqueza, de sus plazas de trabajo y de sus servicios sociales.
Pero ese miedo al inmigrante, a la gente que tiene que salir de su país para instalarse en otro que le ofrezca mejores oportunidades, era también el miedo de un país desmemoriado, cuya bonanza económica lo había hecho perder de vista uno de sus fundamentos, que es precisamente esa multitud de españoles que, a lo largo de los siglos, exactamente igual que los inmigrantes que vienen aquí, han ido emigrando de este país para instalarse en otro que les ofrezca una vida mejor.
Los emigrantes españoles, desde el primer conquistador hasta el último gachupín, primero a la fuerza y luego en sociedad con los habitantes de aquellas tierras, fueron conformando ese territorio enorme, rico y fecundo que es Latinoamérica. España puso ahí su lengua, su religión y una forma particular, y única, de encarar la vida que se sigue conservando hasta hoy.
Gracias a sus emigrantes, España creció y se multiplicó en aquel continente, y hoy su lengua, el español, tiene una importancia capital en el mundo y una capacidad de expansión, y una influencia, que la hacen cada día más importante. Si no fuera por los países latinoamericanos, España, y el español, tendrían hoy la relevancia mundial que tienen Polonia, y el polaco.
El ensayista mexicano Alfonso Reyes, que fue, entre otros destinos diplomáticos, embajador de México en España, decía, refiriéndose a la evidente e insoslayable relación que hay entre los dos países, que quien no conoce México no conoce bien España, y viceversa.

Una nueva oleada de emigrantes, huyendo de la crisis económica, parte para México
Se refería a la forma en que España, durante quinientos años ha ido diseminándose y creciendo del otro lado del mar, sin dejar de ser ella misma, pero, simultáneamente, reconvertida en otros países.

Escribo esto pensando en la nueva oleada de emigrantes españoles que, huyendo de la interminable crisis económica europea, se están yendo a México a buscarse la vida, y que son un eco de aquella oleada anterior de republicanos españoles que llegaron a aquel país, alrededor de 1939, buscando un empleo, una casa y un futuro, lo mismo que buscan los jóvenes emigrantes de hoy, aunque el origen de una y otra migración sea completamente distinto.
Como la única forma de combatir la desmemoria es haciendo memoria, voy a contar aquí las circunstancias en las que llegaron a México los españoles de la oleada anterior, una historia que conozco perfectamente porque en aquella oleada iban mi madre y mis abuelos. Hablo de oleadas porque estas migraciones tienen un carácter cíclico, como las olas del mar.
En 1939, al terminar la Guerra Civil, más de medio millón de republicanos tuvo que huir a Francia para ponerse a salvo de la represión del general Franco, que no contento con su triunfo también quería hacer desaparecer a los sobrevivientes del bando contrario de la faz de la Tierra. Aquellos españoles, que llegaban a Francia como refugiados políticos, fueron tratados como prisioneros y encerrados en varios campos de concentración que se habían dispuesto cerca de la frontera, y que hoy constituyen una de las páginas más negras, y también más ignoradas, de la historia de Francia.
Aquellos cientos de miles de españoles se encontraron, de pronto, prisioneros en un país que no los quería, ni sabía qué hacer con ellos y, sobre todo, sin país al cual regresar.
Las democracias del mundo hicieron la vista gorda ante el triunfal golpe de Estado de Franco, decidieron no intervenir, no meterse en ese asunto que consideraban estrictamente doméstico. Todos los países le dieron la espalda al Gobierno legítimo de España, excepto México, que, en uno de los episodios más conmovedores que recuerda la diplomacia, defendió a la República y al Gobierno de Azaña, una y otra vez, con el único apoyo de la URSS, en Ginebra, ante la Sociedad de Naciones, que era entonces el germen de la ONU.
Unos años antes, en diciembre de 1936, el presidente de México, Lázaro Cárdenas, había otorgado asilo político a León Trotski que, como estaba a punto de pasar a los republicanos españoles, se había quedado sin país al cual regresar.
“No podemos aceptar que haya un hombre en el mundo que carezca de un lugar donde vivir”, dijo Cárdenas entonces, y a partir de esta idea comenzó a movilizarse la diplomacia mexicana en Francia, en perfecta coherencia con la defensa de la República que hacía en la Sociedad de Naciones, para ayudar y ofrecer refugio a cualquier español que quisiera irse a vivir a México.

Sería el momento de revisar la dura reglamentación contra los inmigrantes
El 11 de septiembre de 1940, ya en plena ocupación alemana, el embajador mexicano en Francia, en un esfuerzo que no daba tregua a los pocos funcionarios con que contaba su oficina, había logrado documentar a 100.000 españoles que querían irse a México, y que esperaban subirse a alguno de los barcos que con ese objetivo fletaba el Gobierno de Lázaro Cárdenas y que Luis I.Rodríguez, el embajador, tenía que salir a buscar por todos los puertos de Europa. No todos los que se acogieron al ofrecimiento de Cárdenas llegaron a subirse al barco, pero sí varios miles que poco a poco se fueron integrando a la sociedad mexicana y con los años fueron dejando un legado cultural que hasta hoy enriquece a aquel país. En 1939 se fue a México, y a otros países latinoamericanos, lo mejor de España; profesores, médicos, políticos, artistas, poetas y filósofos llegaron a trabajar y a enseñar lo que sabían.
Y es probable que hoy esté pasando lo mismo, que los jóvenes mejor preparados se estén yendo de aquí, a buscar oportunidades y, eventualmente, a enriquecer los países a los que lleguen.
Dentro de unos años, cuando en España mejoren las cosas, algunos regresarán, pero otros no, como demuestra la historia de los miles de emigrantes que se han ido y que, años después, se descubren con hijos y nietos en ese país donde pensaban permanecer solo un tiempo, en lo que mejoraban las cosas en el suyo.
Esperemos que entonces no vuelva a caer sobre nosotros la desmemoria, que cuando este sea otra vez un país rico no se olvide de sus emigrantes, de esa España que lleva quinientos años floreciendo en América Latina; que la memoria alcance para tratar con más delicadeza a los inmigrantes que vendrán aquí a buscar una oportunidad, y que sea suficiente para no volver a percibirlos con miedo.
De aquella historia de alta diplomacia que protagonizó México en la Sociedad de Naciones, en Ginebra, no se acuerda nadie, y se recuerda bastante poco la solidaridad que tuvo Lázaro Cárdenas con los exiliados españoles. Se recuerda tan poco, y tan mal, que hoy tenemos aquí situaciones como esta: si un mexicano quiere viajar a España, ya no digamos a instalarse sino como turista, tiene que cumplir con una lista desproporcionada de requisitos que incluye, por ejemplo, que el amigo o pariente que va a hospedarlo tenga que ir a la comisaría de su barrio a presentar los planos de su casa para que un policía vea si tiene espacio suficiente y dé su visto bueno. Y además se expone, como sucede con frecuencia, a que el oficial de turno no lo deje pasar y lo devuelva a México en el siguiente vuelo.
Quizá sería momento de revisar esa dura reglamentación, propia de países ricos que no quieren inmigrantes, porque las cosas han cambiado rápida y radicalmente, ahora la gente, más que venir, está mirando cómo se puede ir de aquí.
De toda esta gente que ya se ha ido, y que empieza a construirse una vida en esa nueva oleada de españoles que va llegando a México, habrá muchos que son hijos de esas personas que hace unos años, muy pocos, ni siquiera diez, identificaban al inmigrante como el peor problema de España y que hoy, con mucho asombro, y supongo que algo de vergüenza, se encuentran con que son padres de un inmigrante, que trata de ganarse la vida en otro país. Este es, precisamente, el precio de la desmemoria.
Jordi Soler es escritor.
Leer en El País 

dimarts, 13 de novembre del 2012

ESQUERRA I PAÍS -Saïd El Kadaoui-, article al web de SOS Racisme


12 de novembre 2012
Aquests darrers dies he pensat força en el President Maragall i la seva agenda política.  Aquesta agenda que sintetitzava molt bé en el seu article La agenda incompleta de Maragall (El País, 28/02/2007) l’exconseller Josep Maria Vallés. Una societat on es combinés el progrés econòmic amb la cohesió social en el context d’una globalització que posa en risc el model social europeu, reformular la relació Catalunya, Espanya i Europa. Fet que requeria una revisió federalista de la constitució del 1978. Regenerar les institucions afavorint una major proximitat, més intel·ligibilitat i més participació i, finalment, concertació estable de l’esquerra catalana.
Aquesta agenda, incompleta per motius sobradament coneguts, està clar que requeria molt de coratge, generositat i intel·ligència.  I el que vam rebre va ser cepillados i sentències del tribunal constitucional que humiliaven a Catalunya . La revisió federalista de la constitució s’enfrontava i s’enfronta encara  a l’Espanya profunda, molta d’ella, en les files del PSOE.  Per tant és molt lògic, i inclús digne,que Catalunya s’hagi manifestat com ho ha fet a favor de la seva independència.
Pel que fa a la resta dels punts de l’agenda Maragall:
  • La combinació del progrés econòmic i la cohesió social, d’aquí a poc ens diran (de fet, ja ens ho estan dient), serà la veritable quimera i la regeneració de les institucions ja ha passat a millor vida.
  • La  concertació dels partits d’esquerres significa superar el narcisisme de les petites diferències que diria Freud i quelcom de molt més important, canviar les pesades inèrcies i burocràcies dels partits. Parlant clar: molts polítics sense càrrec.  Jo crec que és la única via perquè Catalunya tingui una alternativa d’esquerres que pugui fer contrapès a Convergència i Unió. I per mi aquesta és la gran pregunta: Serà capaç l’esquerra de superar aquest narcisisme de les petites diferències i s’erigirà en alternativa de govern?
Avui per avui sembla impossible: l’esquerra tradicionalment independentista està atomitzada, el PSC ha apostat clarament pel PSOE i sembla que hagi renunciat a ser alternativa de govern i iniciativa per Catalunya fa temps que es conforma amb ser un partit minoritari.
El passat dilluns 5 de novembre la seu del Col·legi de Periodistes a Barcelona, va ser  l’escenari d’un acte polític força engrescador. Amb el títol “Esquerra i País”, l’exvicepresident de la Generalitat i ex-president d’ERC, Josep-Lluís Carod-Rovira; l’eurodiputat d’ICV-EUiA, Raül Romeva, l’ex-conseller d’Ensenyament i ex-dirigent del PSC, Ernest Maragall, així com el filòsof Josep Ramoneda, debatien sobre l’actual situació política des de la parer de l’esquerra. Aquesta trobada pot convertir-se en l’espurna d’on naixerà la nova esquerra que molts anhelem per a aquest país? Tinc molts dubtes però, en tot cas, els meus millors desitjos.
Llegir l'article al web de SOS Racisme, clica 
Llegir més articles de “Mistos Electorals 25N 2012 Construïm una Catalunya antiracista

dimarts, 21 d’agost del 2012

Publico este artículo en El Periódico, LOS OTROS MARROQUÍS

La sociedad de Marruecos es heterogénea, y más aún sus ciudadanos que viven en Europa

  Said El Kadaoui, Psicólogo y escritor 

 21/08/2012


Marruecos es un país diverso, heterogéneo, identitariamente complejo, con varios idiomas que coexisten e, incluso, a nivel religioso más heterodoxo de lo que se pretende oficialmente. Sin embargo, lo que es innegable es que hay un Marruecos oficial que trata de imponer una sola manera de ser marroquí, la nacionalista conservadora.
La revista TelQuel ha dado voz desde su aparición en el 2001 a aquel sector de la población que quiere un país laico donde se respeten los derechos humanos, donde impere la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, donde se respete la condición sexual de todos y donde se pueda, en definitiva, opinar libremente sobre todos los temas. Está siendo una muy buena plataforma para poner muchos debates sobre la mesa. He leído excelentes reportajes sobre lo que piensan los marroquís sobre la sexualidad, la sobrevaloración de la virginidad, el rol que debe tener la religión en el país, etcétera. El último que me ha llamado especialmente la atención recogía el testimonio de 13 personas a cara descubierta sobre temas que aún son espinosos en Marruecos. "No me escondo para beber". "Reivindico mi libertad sexual". "No escondo mi homosexualidad". "No cumplo el Ramadán". "Soy ateo". "No quiero esconder mi cuerpo". "Estoy en contra del velo". "Tengo el derecho de abortar si así lo quiero". "He tenido un hijo sin estar casada". "No estoy en contra del Estado de Israel". Estos son algunos de los titulares que se destacan de todo lo que comentan estas 13 personas.
Este marruecos que anhela más libertad, que cuestiona las ortodoxias, que lucha por sus derechos y que se abre al mundo es el que me hace vibrar. Este es un Marruecos tan real como los demás. El conservador, el extremadamente conservador, el pobre y modesto... La oficialidad tapa la complejidad, la quiere anular. Pero no lo consigue. Lo que sí hace es generar sufrimiento en todos aquellos que, como los testigos que cita el reportaje, anhelan vivir sin tener que esconderse. Aquellos que quieren vivir sin hipocresías y falsas apariencias.

La ciudadanía marroquí es heterogénea. Y esta variedad es mayor aún cuando hablamos de los marroquís que viven en Europa, así como de sus hijos. Entre otras cosas, porque ya no son solamente marroquís, especialmente los hijos. Pero el riesgo de que haya una oficialidad (que suele ser siempre religiosa) que intente anular toda esta complejidad y quiera otorgar el carnet de buen marroquí, el riesgo de un repliegue comunitario y de la reducción de toda esta riqueza de pertenencias e ideales es evidente y, de hecho, ya es una realidad que está generando algunos problemas individuales (incluidos los psicológicos) y sociales (encierro en la propia comunidad).
Siempre que puedo me gusta hacer referencia a este Marruecos dinámico y luchador porque sé que puede ser muy útil para algunos jóvenes de aquí y originarios de allí, de Marruecos o, en general, de los países magrebís. Tener ideas e ideales propios no puede ser considerado una traición a la propia cultura. Al contrario, es el estancamiento en unas tradiciones que ya no se corresponden con nuestros tiempos, la ocultación de las voces discrepantes y el encierro en una comunidad empobrecida lo que hace más problemática la vida.
Ahora que acabamos de dejar atrás el mes del Ramadán no está de más recordar lo que dice uno de los testigos del citado reportaje de la revista TelQuel. Ibtissam Betty Lachgar, una mujer de 36 años, aparte de declarar que no practica el ayuno, denuncia el artículo 222 del Código Penal marroquí porque todavía hoy condena a entre uno y seis meses de prisión a toda persona conocida por su pertenencia al islam que incumpla ostentosamente el ayuno en público. Aquí, por supuesto, no hay ninguna ley que condene a un musulmán por no realizar el ayuno, pero sí se dan casos de presiones de grupo y de rechazo de aquellos marroquís que libremente deciden no hacer el Ramadán o que no se sienten concernidos por la religión. Este es un síntoma preocupante de un encierro comunitario que pretende amputar la realidad y convertir la identidad de la gente en un estereotipo.

Nunca está de más recordar que no existe la comunidad marroquí como un ente homogéneo. Lo que sí existen son los marroquís, los catalanomarroquís, los marroquíaragoneses (y tantas variedades como personas; me gusta recordar lo que el profesor Manuel Cruz dice de la identidad de las personas: estamos formados de diferentes piezas y tenemos cierta libertad para disponerlas como nos guste).
Y nunca está de más tampoco recordar que somos muchos los que no queremos vivir aquí las incomodidades que supone tener que esconderse para existir. Somos muchos los que no queremos una oficialidad que dictamine quién es y quién no es buen marroquí. Ni aquí, ni allí.
 Llegir en català a El Periódico de Catalunya, clica. Fins demà no s'obrirà sencer
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dimecres, 16 de maig del 2012

MOHAMED, GAY Y DE L'HOSPITALET

Si en Cataluña fuéramos todos empresarios ricos, catalanes de pura cepa y algunos barrios de Barcelona y otras ciudades del área metropolitana no existieran, si los homosexuales aceptaran su condición de desviados y se trataran para pasar a formar familias tradicionales de toda la vida y si  los inmigrantes y sus hijos se dedicaran a ser el servicio doméstico y a no exigir nada más que la subsistencia, en Catalunya ganaría Duran i Lleida. Es más, reinaría Duran i Lleida.

(Ara que hem sabut que en Duran i Lleida torna a ser el màxim dirigent d'Unió Democràtica - sembla que el seu és un mandat ad aeternum- comparteixo amb vosaltres aquest article que vaig escriure ja fa un temps - en plena campanya electoral de les darreres eleccions generals de l'estat- i que no vaig arribar a publicar al desaparegut diari Público)

Saïd El Kadaoui. Psicólogo y escritor.
             A pesar de saber y asumir resignadamente que cuando estamos en campaña electoral la complejidad deja paso al estereotipo, me ha causado cierta perplejidad escuchar al candidato de CIU, el  señor Josep Antoni Duran i Lleida, decir las cosas que ha dicho.
            Para criticar el PER (Plan de Empleo Rural), cosa más que legítima, lo hizo acudiendo al estereotipo del andaluz holgazán y denigró a los jornaleros de esta comunidad diciendo que “reciben el PER para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo”.
            En cuanto al archiutilizado tema migratorio, primero que había demasiados inmigrantes, segundo que tenían un rendimiento escolar bajo y tercero que perjudicaban a la persona humilde que se ve obligada a compartir barrio y colegio con  ellos.
            Olvida decir que al llegar al gobierno de la Generalitat de Cataluña, CIU, aparcó una de las mejores iniciativas de estos últimos años. La ley de Barrios, cuyo objetivo era la dignificación de los barrios, la creación de espacios compartidos y la contribución a erradicar los guetos.
            Recordar también que en la anterior legislatura se firmó, con la participación de CiU ,el Pacte Nacional per la immigració (Pacto nacional por la inmigración), donde, entre otras cosas, los partidos firmantes se comprometían a no utilizar este tema tan sensible con fines electorales. Nada de esto se ha cumplido. En esta misma campaña, el señor Duran i Lleida también ha mostrado su preocupación porque en Cataluña estaban naciendo más Mohamed que Jordi o José. Una información falsa, que cualquiera puede comprobar acudiendo a los datos del Institut Oficial d’Estadística de Catalunya (Instituto Oficial de Cataluña),  pero que igualmente deja entrever la idea de Catalunya de Duran i Lleida y de una parte importante de convergencia i Unió. El nacimiento de los hijos de los inmigrantes desnaturaliza, lo dijo con estas mismas palabras en la anterior campaña electoral, el país.

            En una entrevista concedida a la revista Vanity Fair, defendió el derecho de cualquier persona a acudir al psicólogo para cambiar su orientación sexual. Unas palabras que abrían la puerta a diferentes interpretaciones si no fuera ya conocida su posición. Todo el mundo recuerda que en el 2010, criticó al Departamento de Salud de la Generalitat por haber abierto un expediente informativo a la Policlínica Tibidabo para esclarecer si trataba la homosexualidad como una enfermedad. Es decir, tenemos a otro sector de la población, amplio, tan amplio como para que desde su propia coalición haya recibido duras críticas de militantes homosexuales y de otros integrantes de su lista electoral. Mercè Pigem y Carles Campuzano, números 3 y 4 respectivamente de su candidatura escribieron en sus twiter que las listas convergentes están llenas de homosexuales.
            Y la perla, a mi juicio. En una conferencia para empresarios en el Círculo Ecuestre de Barcelona dijo que “ Cataluña no es sólo vosotros. Ni Vic es lo que era, es muy diferente. Hay Nou Barris  y l’Hospitalet. Y por lo tanto al final sale lo que sale”.
            Resumiendo:  Si en Cataluña fuéramos todos empresarios ricos, catalanes de pura cepa y algunos barrios de Barcelona y otras ciudades del área metropolitana no existieran, si los homosexuales aceptaran su condición de desviados y se trataran para pasar a formar familias tradicionales de toda la vida y si  los inmigrantes y sus hijos se dedicaran a ser el servicio doméstico y a no exigir nada más que la subsistencia, en Catalunya ganaría Duran i Lleida. Es más, reinaría Duran i Lleida.
            No parece muy serio. Por suerte, los catalanes sabemos que, muy a pesar suyo, Cataluña no es  Él.  Cataluña tiene infinidad de voces.
Es más, debe de haber ya catalanes que se llamen Mohamed, que son gays y que viven en l’Hospitalet. ¡Y que votan!